RÍO+20: Una cobaya agroecológica en Brasil
Por Fabiana Frayssinet * - TerraViva
SEROPÉDICA, Brasil, 20 jun - Una hacienda agroecológica integrada funciona como centro de
experimentación para científicos y técnicos brasileños, empeñados desde
hace 20 años en demostrar que es posible obtener frutos de la tierra de
forma barata, eficiente y sin perjudicar el ambiente ni la salud humana.
Bautizada como "Sistema Integrado de Investigación en Producción
Agroecológica" (SIPA) y más conocida como "Haciendita agroecológica
KM47", el establecimiento rural ocupa 60 hectáreas en el municipio de
Seropédica, a 47 kilómetros de la ciudad de Río de Janeiro.
Investigadores de la Empresa Brasileña de Estudios Agropecuarios
(Embrapa) y de la Universidad Fluminense Rural de Río de Janeiro,
entre otras instituciones gubernamentales, realizan desde 1993
estudios de campo en agroecología en ese sitio.
La producción integra la actividad agropecuaria sin utilizar químicos
sintéticos, como agrotóxicos para los vegetales ni fármacos de ese
tipo para los animales.
La base del sistema es la "diversificación de cultivos" y está
destinado fundamentalmente a la agricultura familiar, que en Brasil
emplea a 75 por ciento de la mano de obra del campo.
"La agricultura de base ecológica busca de alguna manera reproducir
las condiciones del ambiente natural, y, en un ambiente natural, lo
que proporciona el equilibrio dinámico es la biodiversidad de
especies", explicó a TerraViva el ingeniero agrónomo Ernani Jardim, de
Embrapa.
"Cuando se reduce esa diversidad se abre la posibilidad del
desequilibrio, del surgimiento de una plaga, de una enfermedad, o de
una condición ambiental que provoca el desequilibrio", agregó.
La biodiversidad y el manejo del agua y del suelo de manera
sustentable transformaron el paisaje de pastizales del pasado en un
vergel de 50 especies de plantas cultivadas, como frutales,
hortalizas, cereales y forrajeras, además de abonos naturales.
La hacienda, que surge como un paraíso en un área degradada como los
es la "Baixada Fluminense" (Bajada Fluminense), alterna espacios
preservados de la Mata Atlántica, una zona de agrofloresta y una
huerta botánica.
El adobo es obtenido a partir del estiércol de las vacas que, a su
vez, producen leche orgánica. Pero también se produce con vegetales.
En una hectárea se consiguió un ingreso bruto por año equivalente a
30.000 dólares, explicó Alessandra Carvalho, también de Embrapa.
En tanto que para evitar plagas se enfatiza en la prevención. Se
utilizan especies resistentes, se escogen las mejores épocas de
producción, se controla el agua de riego para evitar hongos y se
diversifican los cultivos.
También se usan los llamados enemigos naturales, como es un cantero de
cilantro, por ejemplo, que es una trampa para atraer insectos nocivos.
En casos extremos, las plagas se combaten con extractos botánicos o
sustancias permitidas en la agricultura orgánica.
La cobertura de residuos vegetales tiene como fin alejar hierbas
invasoras y evitar la erosión del suelo.
La estación lechera también es orgánica. En vez de fármacos químicos
se utiliza la homeopatía, y se mantienen los corrales con ventilación
y sol. El objetivo es el "bienestar del animal", porque al no ser
maltratado se enferme menos, ejemplificó la veterinaria Mónica Florio,
de la Empresa de Investigación Agropecuaria del Estado de Río de
Janeiro (Pesagro).
Según la médica, en solo un año se mejoró la salud de las vacas y se
controlaron las infecciones parasitarias y los problemas
reproductivos.
La producción fue "excelente", al ubicarse entre 13 y14 litros por
animal. Y sin costo de ración, porque el alimento es pasto o forraje
de la agrohacienda.
En otra estación, el investigador Daniel Caravalho, de la Universidad
Fluminense Rural de Río de Janeiro, desarrolla sistemas de energía
solar e irrigación con tecnologías simples que usan desde caños de
bambú hasta piezas viejas de máquinas lavarropas.
Una mesa con bocadillos, tortas y jugos preparados con hortalizas,
leche y frutos orgánicos, es el mejor resumen de la agrohacienda.
"¿Es apenas ecológicamente correcto o también rico?", pregunto a
TerraViva la periodista argentina Laura Chertkoff.
"Ecológicamente correcto y muy rico", aseguró.
(FIN/2012)
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