| CARACAS
(IPS)
La oposición venezolana hizo un alto en su reclamo
de un referendo para intentar el desalojo de Hugo Chávez
de la presidencia, y se entregó a la tarea de participar
en las elecciones regionales y municipales del 1 de agosto.
Candidatos opositores a las 23 gobernaciones estaduales y
335 alcaldías del país desfilaron el 23 de marzo
ante las oficinas del Consejo Nacional Electoral para inscribir
sus nombres, luego que los oficialistas hicieron lo propio
en días anteriores.
Pero ese poder electoral es el mismo contra el cual litiga
la oposición en el Tribunal Supremo de Justicia, acusándolo
de ser parcial a favor de Chávez en los trámites
para accionar el referendo revocatorio de su mandato.
En tanto, la televisión, la prensa y las radioemisoras
privadas, que hacen campaña opositora, acusan al mandatario
de liquidar la autonomía de los poderes y de estar
a un paso de la dictadura.
Los partidos de oposición "no han tenido más
opción a acudir a estos comicios legitiman los poderes
electoral y judicial, y aportan una vitrina a Chávez,
que puede mostrar ante el mundo la existencia de una democracia
con elecciones en Venezuela", observó a IPS el
politólogo Alberto Garrido.
"Una
cosa no tiene que ver con la otra. Hay un pueblo que quiere
votar, nos costó 30 años conseguir la descentralización
y no lanzaremos ese logro por la borda. Vamos a elecciones
regionales y seguimos luchando por el referendo", aseveró
a IPS Henrique Salas, líder del partido opositor Proyecto
Venezuela, de raíz socialcristiana.
Leopoldo Puchi, secretario del Movimiento al Socialismo (MAS,
centroizquierda), dijo a IPS que "aunque el árbitro
no sea confiable, debemos ser pragmáticos y conservar
los espacios importantes que mantiene la oposición,
así como los liderazgos regionales".
De los 23 gobernadores, 15 son oficialistas, pero varios de
los ocho opositores dirigen estados ricos y poblados, como
los petroleros Zulia (en el oeste), Anzoátegui y Monagas
(en el este), el sudoriental Bolívar (con industrias
básicas) y los centrales Carabobo y Miranda, sedes
de numerosas industrias manufactureras.
También es opositor el alcalde mayor de Caracas, Alfredo
Peña, quien dirige la Policía Metropolitana,
una fuerza de 8.000 efectivos que custodia las multitudinarias
marchas que se realizan en la capital a favor y en contra
de Chávez.
Las elecciones regionales "deslegitimarán o darán
una nueva legitimidad al chavismo gobernante", observó
a IPS el analista Fausto Masó.
En tanto, el presidente del MAS, Felipe Mujica, lanzó
la consigna de que "con el referendo revocamos a Chávez,
y con las elecciones regionales revocamos al chavismo".
Mujica también advirtió que "la oposición
tiene serias dificultades para vencer al chavismo si no se
une y presenta (en cambio) varias candidaturas en cada estado
o municipio".
Los partidos tradicionales Acción Democrática
(AD), socialdemócrata, y Copei, socialcristiano, que
gobernaron Venezuela durante varias décadas hasta la
primera victoria de Chávez en 1998, habían decidido
semanas atrás acudir a los comicios regionales.
Pero formaciones más recientes, como el centroderechista
Primero Justicia, Alianza Bravo Pueblo (socialdemócratas
disidentes) y Causa Radical (obrerista), reclamaron hasta
último minuto la abstención, si no se despejaba
antes el camino al referendo revocatorio sobre el mandato
de Chávez.
"No
estamos en una democracia que está tambaleando, sino
entrando en una dictadura", dijo a IPS Leopoldo López,
joven líder de Primero Justicia y alcalde del municipio
Chacao, el más rico del área metropolitana de
Caracas. "La gente no va a asumir que tomemos el atajo
de la elección regional", agregó.
Julio Borges, presidente de Primero Justicia, se preguntó:
"Si volvemos a maquillar al árbitro (el Consejo
Electoral), ¿qué pensará la comunidad
internacional de esta dirigencia opositora?"
Un total de 27 partidos están reunidos en una Coordinadora
Democrática que ha conducido las huelgas y marchas
de la oposición, y recogido las firmas con las cuales
solicitaron al Consejo Electoral el mecanismo de referendo
sobre Chávez.
Sin embargo, según encuestas, asambleas de ciudadanos
opositores y el pulso de los analistas en las marchas, el
grueso de la población contraria a Chávez -seis
de cada diez electores según la consultora opositora
Datanálisis- no es capitalizable por un partido o líder
y sigue a la Coordinadora para apartar del poder al actual
presidente.
Además, y pese a una ruidosa campaña en su contra
que incluyó un fallido golpe de Estado en abril de
2002 y una huelga petrolera entre diciembre de ese año
y febrero de 2003, Chávez conserva una popularidad
de 37 por ciento, algo de lo que no pueden jactarse muchos
mandatarios latinoamericanos.
Garrido sostuvo que "una de las incógnitas de
este proceso es si la población opositora se motivará
por las elecciones regionales sin un referendo revocatorio
decidido".
Fuera de la Coordinadora actúa la agrupación
Bloque Democrático, para el que el proceso electoral
es una farsa y la ciudadanía debe declararse en "desobediencia
activa", de modo que las Fuerzas Armadas se decidan a
obligar la salida del presidente.
Mientras se resuelve el litigio en el poder judicial, la Coordinadora
y el Consejo Electoral negocian las modalidades de la fase
de reparos (impugnaciones o ratificaciones) de las firmas
que solicitan el referendo presidencial.
El tiempo es la clave de este ajedrez político, porque
si el referendo se efectúa antes del 19 de agosto y
Chávez lo pierde, habrá una nueva elección
presidencial, pero si esa hipótesis se materializa
después de esa fecha entonces el vicepresidente, designado
por el actual jefe del Estado, completará el período
hasta enero de 2007. (FIN) |