| BUENOS
AIRES (IPS) El
presidente de Argentina, Néstor Kirchner, pidió
perdón en nombre del Estado por su silencio ante las
atrocidades de la última dictadura militar (1976-1983).
Lo hizo frente a la mayor cárcel clandestina de aquel
régimen.
Al conmemorarse
28 años del golpe de Estado de 1976, Kirchner cumplió
el 24 de marzo dos promesas que había formulado meses
atrás a organizaciones de derechos humanos.
En primer
lugar, ordenó retirar los retratos de los ex dictadores
Jorge Videla y Reynaldo Bignone del recinto del Colegio Militar,
y luego entregó las 17 hectáreas de la Escuela
de Mecánica de la Armada (Esma) a las organizaciones
humanitarias.
Emocionado
tras escuchar a jóvenes nacidos durante el cautiverio
de sus madres en la Esma, donde funcionó la peor cárcel
clandestina del régimen, Kirchner dijo: ”Vengo
como presidente a pedir perdón en nombre del Estado
nacional argentino por haber callado durante 20 años
de democracia ante tantas atrocidades”.
”No
es rencor ni es odio, pero tampoco queremos impunidad sino
justicia”, aclaró el mandatario, quien se refirió
a los desaparecidos como ”compañeros”.
Y declaró
que quienes cometieron hechos ”tan macabros y tenebrosos”
en sitios como la Esma ”tienen un solo nombre: son asesinos
repudiados por todo el pueblo argentino”.
Esas
palabras fueron recibidas con un aplauso de pie de las integrantes
de Abuelas y Madres de Plaza de Mayo, asociaciones que han
luchado por conocer el destino de los desaparecidos y por
la recuperación de la identidad de sus hijos secuestrados.
Los dirigentes
políticos ”no estuvimos a la altura de la Historia,
pero seguimos peleando como podemos”, admitió
Kirchner, quien agregó: ”No nos van a quebrar.”
Luego
del acto, una multitud calculada por los organizadores entre
50.000 y 60.000 personas marcharon entre la sede del Congreso
y la plaza de Mayo, el paseo público donde madres de
las víctimas de la represión comenzaron a exigir
en los años 70 la aparición de sus seres queridos.
Algunas
de las consignas entonadas en la manifestación fueron
”anular el indulto” --el perdón otorgado
en 1990 a numerosos represores por el entonces presidente
Carlos Menem-- y ”cárcel a los genocidas”.
La jornada
estuvo precedida por una polémica, dada la negativa
de las organizaciones de derechos humanos a que los gobernadores
provinciales participaran del acto,
La presidenta
de Madres de Plaza de Mayo, Hebe de Bonafini, había
anunciado el lunes que no asistiría al acto en la Esma
si concurrían los gobernadores, en especial el de la
provincia de Buenos Aires, Felipe Solá.
Bonafini
advirtió que la policía bonaerense, al mando
del gobernador Solá, ”está haciendo en
las cárceles y en las comisarías y en los institutos
de menores” lo mismo que la dictadura en la Esma.
Kirchner
y jóvenes nacidos durante el cautiverio de sus padres
en la Esma hablaron desde un escenario instalado en una calle
lateral al viejo centro de detención.
Allí
también se dio lectura a poemas de Ana Ponce, estudiante
de Derecho que fue compañera de Kirchner y que escribió
esos textos en esta prisión clandestina.
Los poemas
llegaron a Kirchner hace pocos días, de la mano de
una sobreviviente de la Esma, Graciela Daleo. El propio presidente
llamó a su hijo para decirle que quería la publicación
de esos poemas en un libro y que fueran leídos en el
acto.
La conmemoración
se cerró con tres canciones interpretadas por los artistas
populares argentinos León Gieco y Víctor Heredia
y el español Joan Manuel Serrat: ”La Memoria”,
de Gieco, ”Todavía cantamos”, de Heredia,
y ”Para la libertad”, de Serrat.
Poco
antes de subir al escenario, Emiliano Hueravillo, nacido en
la Esma, contó a IPS que su madre desaparecida, Mirta
Alonso, estaba embarazada de siete meses cuando la detuvieron.
Hueravillo fue dejado a los cuatro meses en el hospital Pedro
de Elizalde con una carta en que constaba su nombre y el de
sus padres.
Cerca
de él, Karina Castro apenas podía hablar por
la emoción. Su madre, Graciela Campolongo, fue secuestrada
en 1976 de la casa de su abuela. Ella estaba allí,
pero no lo recuerda porque tenía apenas tres años.
”No
sé si ella estuvo en la Esma porque nunca supimos nada
de ella, pero vengo porque este lugar es un símbolo
para todos nosotros”, dijo Castro a IPS.
Juan
Cabandié, también nacido en la Esma hace 26
años, recordó que hace sólo dos meses
recuperó su identidad gracias a la acción de
Abuelas de Plaza de Mayo.
”Siempre
supe que me llamaba Juan”, dijo. Ese fue el nombre con
que su madre lo llamaba cuando lo tuvo en prisión y
el que ahora usa.
Dos horas
antes del acto oficial, las organizaciones de derechos humanos
habían colocado fotografías de los desaparecidos
sobre las rejas de la Esma.
Mabel
Gutiérrez, de la asociación Familiares de Desaparecidos
y Detenidos Políticos, leyó un documento en
nombre de todas las organizaciones en el que se celebra que
la Esma se haya convertido en ”patrimonio de todos los
argentinos”.
”La
decisión política del presidente y la lucha
de 28 años de los organismos de derechos humanos para
preservar la memoria lo hicieron posible”, sostuvo.
El ex
prisionero de la Esma Mario Villani participó de todos
los actos de y también en la recorrida que hizo el
presidente el viernes último por los edificios de ese
centro de la armada, junto con una treintena de otros sobrevivientes.
Villani
estuvo en cinco centros de detención durante la dictadura.
El último fue la Esma, de donde salió sólo
en 1981.
”Creo
que me salvé porque soy físico y tengo conocimientos
de electrónica. Entonces me usaban para arreglar televisores
y otros electrodomésticos que robaban”, dijo
Villani a IPS. Las pertenencias de las víctimas solían
ser robadas por los represores y depositadas también
en la Esma.
Villani recuerda que al ”volver al mundo de los vivos”
--se niega a decir que fue liberado porque la armada seguía
vigilándolo-- creyó que iba a querer matar con
sus manos a alguno de sus torturadores. Pero ese odio se transformó
en ansias de luchar para que esos crímenes no queden
impunes, explicó. (FIN) |