| WASHINGTON
(IPS)
El presidente de Estados Unidos, George W. Bush, parecía
tener claro el objetivo de evitar los errores de su padre,
George Bush, cuando ocupó el mismo cargo de 1989 a
1993. Pero parece condenado a repetirlos.
Su
discurso del Estado de la Unión del martes 20 de enero
fue sorprendentemente defensivo. Contuvo mucha determinación
y desafío, pero poco detalle programático y
nuevas iniciativas. Así, quedó de manifiesto
cuán poco está dispuesto a cambiar su rumbo.
Al
anunciar que los próximos cuatro años serán
muy parecidos a los tres pasados, Bush se convirtió
por sus propias palabras en el blanco fijo de sus nada vacilantes
adversarios del Partido Demócrata. Igual que su padre.
En
1992, el ex presidente Bush, triunfante un año antes
en la primera guerra del Golfo contra Iraq, se mostraba fascinado
por las cuestiones diplomáticas en un momento clave
de la historia mundial.
No
logró comprender entonces que los votantes estaban
más preocupados por la pérdida de empleos originada
por una ola de despidos en el sector privado --con la moda
de la reducción de tamaño de las empresas--
y por la competencia extranjera.
En
noviembre, Bush padre fue derrotado en las urnas por el demócrata
Bill Clinton, cuyo asesor político, James Carville,
emitió la frase "es la economía, estúpido",
como uno de los pilares de la campaña.
El
triunfo de Clinton fue facilitado por la falta de "visión"
admitida por el propio Bush: es decir, por no ofrecer a sus
compatriotas un sentimiento de misión nacional, más
allá del manejo seguro de los asuntos internacionales
y de la promoción del voluntariado en los comunitarios.
Al
reconocer esas deficiencias, Bush padre cojeaba no sólo
por su actitud distante de niño rico --un problema
que no aqueja a su hijo, con una imagen mucho más popular--,
sino también al hecho de que el Tesoro estaba vacío.
El
déficit fiscal se arrastraba desde la presidencia de
Ronald Reagan (1981-1989).
Para
enojo de la derecha republicana, Bush padre se vio obligado
a aumentar los impuestos, sin nada más que ofrecer
porque el vaso estaba vacío.
En
cambio, Bush hijo heredó de Clinton un enorme superávit
que se tornó déficit, como consecuencia de los
recortes de impuestos y de los gastos militares y otros ocasionados
por la "guerra contra el terrorismo".
El
déficit amenaza otra vez seriamente la salud fiscal
del país, así como la fortaleza del dólar.
Bush agotó de tal modo las arcas del gobierno que no
pudo ofrecer nada nuevo y creíble en su discurso del
martes. Como su padre, no tuvo más opción que
exhibir sus antecedentes personales.
"Extraordinario
retroceso" fue el calificativo empleado por el columnista
Andrew Sullivan, del semanario conservador The New Republic.
"Me
impresionó como un discurso que sale de un capullo
político. El presidente no comprende que, de hecho,
es políticamente vulnerable. Y pretende ser candidato
no sobre la base de lo que planea para el futuro sino de lo
que ha hecho en el pasado", escribió Sullivan.
No
obstante, el columnista aplaudió los pasajes del discurso
dedicados a la política internacional. "Esa es
una estrategia de alto riesgo", anotó.
La
política exterior ocupó la primera mitad del
discurso, con un gran énfasis en la defensa de sus
guerras contra el terrorismo y contra Iraq.
El
presidente llegó a insistir, a pesar de la total falta
de evidencias al respecto, que los programas armamentistas
del hoy prisionero presidente iraquí Saddam Hussein
constituían una "seria y creciente amenaza"
contra Estados Unidos.
Bush
atribuyó a la guerra contra Iraq la decisión
de Libia de desmantelar sus propios programas para desarrollar
armas de destrucción masiva, aunque la situación
con Corea del Norte y con Irán sigue siendo incierta.
"Estados
Unidos está comprometido a mantener las más
poderosas armas del mundo lejos de las manos de los regímenes
más peligrosos", afirmó.
Aunque
mencionó la ayuda de otros 34 países en la guerra
contra Iraq como evidencia de que Washington no está
aislado, como afirman candidatos demócratas, el mayor
aplauso que arrancó fue con una apelación unilateralista:
"Estados Unidos nunca pedirá permiso para defender
la seguridad del pueblo."
Bush
cerró el capítulo internacional de su discurso
afirmando que "Estados Unidos es una nación con
la misión (de) una paz democrática".
Pero
su único aporte concreto en tal sentido fue duplicar
a 70 millones de dólares el presupuesto del Fondo Nacional
para la Democracia, una pequeña agencia que asesora
a organizaciones civiles y empresas del extranjero.
En
materia de política interna, Bush propuso hacer permanentes
los recortes de impuestos dispuestos en 2002, aprobar un programa
de "trabajadores invitados" dirigido a inmigrantes
ilegales y promover un sistema de cuentas privadas para la
seguridad social.
Además,
sugirió que apoyaría una enmienda constitucional
para ilegalizar el matrimonio homosexual, lo cual cayó
muy bien a sus aliados de la Derecha Cristiana pero podría
molestar a republicanos liberales para quienes el presidente
fortalece el poder del gobierno de inmiscuirse en la esfera
privada.
Pero
el discurso fue también destacable por lo que omitió.
No figuró, por ejemplo, el nombre de Osama bin Laden,
el líder de la red terrorista Al Qaeda, organización
islámica a la que se atribuyen los ataques que el 11
de septiembre de 2001 dejaron 3.000 muertos en Nueva York
y Washington.
Tampoco
mencionó el ambicioso programa de exploración
a la Luna y a Marte, presentado con gran fanfarria hace dos
semanas. La propuesta había despertado fuertes críticas,
dada la magnitud del déficit fiscal.
Tampoco
abordó cuestiones ambientales, la epidemia mundial
del sida ni el conflicto entre árabe-israelí.
La
preocupación por el déficit fiscal es cada vez
más compartida por legisladores republicanos, que expresan
creciente ansiedad por los altos costos de la incursión
en Iraq y por el presupuesto militar de más de 500.000
millones de dólares, en momentos en que ocho millones
de estadounidenses que desean trabajar carecen de empleo.
En
tal sentido, Sullivan, el columnista de The New Republican,
se manifestó "sorprendido" de que "Bush
no haya reconocido que el crecimiento del empleo está
quedando retrasado respecto del crecimiento económico".
"No
hubo declaraciones de preocupación por aquellos que
luchan (por un empleo), ni siquiera retórica de empatía.
Me sorprendió. Eso deja un gran espacio para los demócratas,
que argumentarán que el presidente no está al
tanto" de las preocupaciones de la ciudadanía.
Lo
mismo que le sucedió a Bush padre. (FIN)
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