EUROPA Crisis financiera derroca gobiernos sin cambiar políticas Análisis de Julio GodoyBERLÍN, 28 nov (IPS) - Las causas que llevaron a la grave crisis de deuda soberana en la Unión
Europea, cuyas primeras señales de debilidad se remontan a 2007, no se
eliminan con la sucesión de cambios de gobierno en varios países del
bloque.
En España, las elecciones generales del domingo 20 terminaron con el
triunfo del centroderechista
Partido Popular (PP). El resultado fue una clara condena al gobernante
Partido Socialista Obrero Español (PSOE) por no contener la profunda
crisis económica que causó un desempleo sin precedentes y mayor
pobreza, seguidos de un gran malestar social.
El PP triunfó pese a su obvia responsabilidad en la burbuja
inmobiliaria que precipitó la crisis y que nació durante su gobierno
entre 1996 y 2004. Tampoco explicó durante la campaña cómo hará para
impulsar el crecimiento económico ni cómo responderá al movimiento de
los llamados "indignados".
El cambio de gobierno en España es el quinto que se concreta este año
en la Unión Europea (UE) y en la eurozona, directamente vinculado a la
crisis económica que se abate sobre el Norte industrializado, derivada
del colapso de los mercados financieros de 2008 en Estados Unidos.
Islandia y Hungría, que no pertenecen a la eurozona, también cambiaron
gobierno en 2009 a raíz de la crisis financiera y de deuda soberana.
El proceso se realizó por vía democrática en Islandia, Irlanda,
Portugal, Hungría y España.
No se distingue un patrón en las preferencias ideológicas expresadas
por las respectivas ciudadanías en las urnas. La gente simplemente
votó por la oposición, ya sea de derecha o de izquierda, y por
expulsar al partido gobernante, sin importar su programa ni su
desempeño anterior.
Los gobiernos de Giorgos Papandreou, en Grecia, y de Silvio
Berlusconi, en Italia, debieron dar un paso al costado este año por su
incapacidad para afrontar la cuantiosa deuda y fueron reemplazados por
coaliciones de tecnócratas, no
elegidos por voto popular.
Pero los cambios no han arrojado resultados sustanciales en lo que
respecta a eliminar las causas de la crisis, como son la desregulación
y preeminencia de los mercados financieros internacionales y la
decisión de los gobiernos de recurrir al crédito para financiar las
actividades estatales, en vez de gravar el ingreso y la riqueza.
Los nuevos líderes que asumen funciones reducen el gasto público y los
planes de bienestar social, aumentan los impuestos al consumo y,
probablemente, prolonguen los programas de austeridad ya implementados
por sus predecesores, sin tomar en cuenta que las medidas quizá
agraven la recesión y disminuyan la capacidad del Estado para mejorar
sus ingresos.
Otro dato de la realidad es que los países más afectados de la zona
euro, que son Irlanda, Portugal, España, Grecia e Italia, conservarán
esa moneda como propia, pese a que las diferencias en la
competitividad económica sugieren que la actual organización de la
unión monetaria no parece factible.
Lo que dificulta la operativa en la eurozona es la falta de coherencia
en el sistema impositivo de los países que la integran y de una
política económica común.
Además, independientemente de su color político, algunos gobiernos parecen reacios
a atacar lo que numerosos economistas y analistas consideran el mello
del problema: regular los mercados financieros, prohibir las
transacciones sin valor económico objetivo y restaurar el dominio de
las instituciones democráticas públicas sobre los intereses privados.
Un ejemplo de su falta de voluntad para realizar cambios en el sistema
financiero es el fracaso de la propuesta de implantar la llamada tasa
Tobin sobre transacciones financieras.
Lanzada hace casi 40 años por el hoy fallecido Premio Nobel James
Tobin, la iniciativa se discute en Europa desde que estalló la crisis
financiera y se generalizó en el Norte en 2009.
El primer ministro de Gran Bretaña, David Cameron, dejó claro la
semana pasada que su gobierno vetará la incorporación de la tasa en la
UE. Como todas las decisiones fiscales dentro del bloque se aprueban
por unanimidad, la medida no tiene la más mínima posibilidad de ser
instaurada.
La prohibición de imponer instrumentos financieros enormemente
especulativos y con visos de ilegalidad, como la venta corta de
acciones, las compras financiadas por terceros y las permutas de
incumplimiento crediticio descubiertas (CDS, por sus siglas en
inglés), probablemente tampoco se logre.
También es altamente probable que Gran Bretaña se oponga a aplicar
medidas generales, pese a que la UE suspendió en algunas ocasiones en
los últimos cuatro años ciertas ventas cortas elegidas y, a mitad de
este mes, el Parlamento Europeo propuso nuevas reglas para las CDS.
La oposición británica a la tasa Tobin y al control de transacciones
altamente especulativas se relaciona directamente con el peso de los
mercados financieros, como lo es la City de Londres, uno de los
centros más importantes de la economía de ese país.
La CDS, que fue comparada con contratos ilegales de seguros contra
incendios, fue considerada un instrumento clave de la aceleración del
estallido de la burbuja inmobiliaria en Estados Unidos, la que
desencadenó la caída de la economía global y la crisis de deuda
soberana de los últimos cuatro años.
La CDS permite a los especuladores apostar a la caída de los precios
de las casas y ganar enormes cantidades de dinero cuando efectivamente
cae el mercado inmobiliario.
En la crisis de deuda soberana, los fondos de riesgo y otros
especuladores con CDS sobre bonos de estados europeos, apostaban a que
un país dado, por ejemplo Francia, no lograra pagar su deuda.
Los fondos de riesgo y otros especuladores pueden presionar a las
agencias de calificación que evalúan la solvencia de países endeudados
e inducirlas a comportarse según sus intereses.
Se especula que la última baja de calificación de los bonos europeos
obedeció, en parte, a esa connivencia engañosa.
A principios de este mes, una agencia calificadora bajó por error la
nota de la solvencia de Francia. De inmediato lo corrigió y explicó
que el correo electrónico con la información falsa se había enviado
por equivocación. Pero la posibilidad de que se puedan cometer
"errores" como ese, muestra que las empresas están lejos de ser
rigurosas.
Los gobiernos europeos, por su parte, sostienen que la gente ha
"vivido por encima de sus posibilidades" para justificar el recorte
del gasto público y de los programas de bienestar social. La verdad es
que Europa es, pese a la crisis, un continente extremadamente rico,
pero cuya riqueza está injustamente distribuida y gravada.
Diversos estudios muestran que la riqueza, que aumenta de forma
sostenida desde hace décadas, también está cada vez más concentrada en
las clases altas.
Mientras que 27 por ciento de la población alemana no tiene ningún
patrimonio, 10 por ciento de la más acomodada posee 60 por ciento de
las riquezas del país.(FIN/2011) Envíe sus comentarios | © Reproducir este artículo
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