PETRÓLEO-ECUADOR: Lucha contra Chevron se torna cinematográfica
Por
Matthew Berger
WASHINGTON, 29 oct (IPS) - La historia comenzó
hace casi 40 años. Pero el cineasta Joe Berlinger
se dio cuenta de que "debía hacer algo" cuando
vio a habitantes de la Amazonia ecuatoriana
"comiendo atún enlatado porque el pescado de los
ríos estaba demasiado contaminado".
Su documental, titulado "Crudo", es la última
arma que reluce en la guerra de relaciones
públicas que rodea en Ecuador el proceso judicial
en el que se acusa a la petrolera estadounidense
Chevron de derramar 70.000 millones de litros de
líquidos tóxicos, dejar 916 fosos con desechos y
quemar millones de metros cúbicos de gases contaminantes.
Todos estos delitos ambientales han elevado
la incidencia de cáncer y otras enfermedades en
la región ecuatoriana de Lago Agrio, según los demandantes.
Se trata de determinar si Chevron es
legalmente responsable por los daños, si es
posible remediarlos o repararlos --y cómo--, y
si, como la empresa alega, el vínculo entre
contaminación y enfermedades no está comprobado.
Luis Yanza, miembro del equipo legal de los
demandantes, comparó la tragedia de las
comunidades amazónicas con sufrida por Alaska
tras el derrame del buque petrolero Exxon-Valdez
en 1989. "Aquello fue un accidente. Lo que
sucedió en Ecuador, no: fue algo deliberado",
dijo Yanza en el estreno de "Crudo" en Washington, el viernes 23.
Pero la versión de Chevron es muy diferente.
"Vemos las votos, vemos la contaminación y no
es sólo nuestra", dijo el martes el próximo
gerente general de la compañía, John Watson, ante
el auditorio de la Cámara de Comercio de Estados
Unidos. "Se trata de reclamos absurdos sin ninguna base científica."
En la década del 60, la compañía Texaco
comenzó a extraer crudo en una zona de la
Amazonia ecuatoriana alejada de los centros
urbanos. Al cabo de 23 años de operaciones había
derramado 64 millones de litros de petróleo y
68.000 millones de litros de agua contaminada y
tóxica, según la organización ambientalista
Amazon Watch, que asiste a los demandantes.
Texaco cedió en los años 90 sus operaciones a
la empresa estatal PetroEcuador, que continúa
explotando los pozos de Lago Agrio y admite
seguir arrojando agua sucia al ambiente.
Chevron, que adquirió Texaco en 2001,
considera que la mayor parte de la contaminación
es responsabilidad de PetroEcuador. Y que Texaco
se desembarazó de la suya en 1998, cuando terminó
de limpiar algunos de los sitios, a un costo de
40 millones de dólares, en cumplimiento de un
acuerdo firmado en 1995 con el gobierno ecuatoriano.
Pero auditores de Quito concluyeron en 2003
que la compañía no había cumplido adecuadamente
con su parte del pacto. Pobladores de Lago Agrio
describen en "Crudo" cómo descubrieron que habían
construido sus casas en hoyos rellenos de petróleo y luego cubiertos.
A pesar de la auditoría, Watson alegó el
martes que Texaco fue relevada formalmente de
toda responsabilidad por el gobierno tras
completar su operación limpieza. Y añadió que
PetroEcuador nunca cumplió con su parte y que,
muy por el contrario, sigue contaminando.
"Muchas de las prácticas habituales de Texaco
se mantienen, aunque PetroEcuador hizo muchos
cambios desde la retirada de Texaco para operar
con más responsabilidad", indicó Yanza. "Texaco
diseñó un sistema pergeñado para contaminar y tiene toda la responsabilidad."
Otro abogado de la demanda, Pablo Fajardo,
declaró ante la cámara del documentalista
Berlinger que PetroEcuador no es inocente, y
sugirió que querellar a la empresa estatal podría ser el siguiente paso.
La demanda vincula 1.401 muertes por cáncer
en la región con la contaminación causada por
Texaco entre 1985 y 1998, contabilizadas en un
informe realizado por un grupo de trabajo
independiente a la que la justicia ecuatoriana
encomendó la evaluación de los daños.
El estudio de los expertos concluye que
Chevron debe pagar 27.000 millones de dólares
para limpiar el ambiente y compensar a las comunidades afectadas.
Esta suma convierte en la demanda en el
principal proceso por daños ambientales de la
historia de la humanidad, y supera en 3.000
millones de dólares las ganancias de Chevron en 2008.
"Será muy caro limpiar, pero aun así será
mucho menos que las ganancias obtenidas por la
empresa en Ecuador", dijo la semana pasada otro
abogado de los demandantes, Steven Donzinger.
La batalla legal lleva 16 años.
En 2002, Texaco persuadió al juez
estadounidense Jed Rakoff de que transfiriera el
caso a tribunales de Ecuador, país que entonces
tenía un gobierno conservador ansioso de capitales extranjeros.
La condición fue que la empresa se abstuviera
de cuestionar una eventual condena en Ecuador
ante la justicia del país norteamericano.
Ahora el caso se vuelve cada vez más
enmarañado en el Poder Judicial de Ecuador, algo
que, según los abogados de la demanda, era la intención de Chevron.
Grabaciones procedentes de micrófonos ocultos
en relojes y lapiceras parecen revelar un esquema
de soborno que involucra, al menos
indirectamente, al juez del caso, Juan Núñez, a
la hermana del presidente Rafael Correa y a un
ecuatoriano que trata de colaborar con un empresario estadounidense.
A raíz del escándalo, Núñez se excusó de
seguir trabajando en el caso, aunque niega cualquier falta de su parte.
Los abogados de la demanda perciben el
episodio como una triquiñueña de Chevron para
desviar la atención de las cuestiones clave del
caso y, fundamentalmente, para socavar al Poder Judicial ecuatoriano.
La semana pasada, Chevron solicitó la
anulación de las anteriores resoluciones de
Núñez, moción que fue rechazada por el nuevo juez del caso, Nicolás Zambrano.
El anterior magistrado había previsto el año
pasado que el fallo sería emitido a fines de
2009, pero no hay una resolución a la vista.
"Si perdemos (…), lucharemos vigorosamente", dijo Watson el martes.
El problema de la responsabilidad por la
contaminación es tan viscoso como la
contaminación en sí misma. El caso parece dejar
en evidencia la incapacidad de los tribunales en
tratar asuntos como éste, en los cuales una
corporación transnacional parece, al menos en
parte, en falta y, al mismo tiempo, tiene los
recursos y la voluntad de afrontar una batalla legal durante décadas.
Chevron "no quiere para nada" ser juzgado,
según Donzinger, que destaca las gestiones de la
empresa para trasladar el caso de tribunales
estadounidenses a los ecuatorianos. "Ellos se
creen más allá del alcance de cualquier sistema nacional", lamentó.
Mientras, la batalla por la opinión pública
está perdida para Chevron en Ecuador, donde el
gobierno de Correa se ha alineado con los
demandantes, al contrario de sus antecesores
conservadores. Pero la empresa mantiene su
influencia en Estados Unidos, donde procura
mostrarse como la más socialmente consciente de las petroleras.
"No creo que esto sea" para Chevron "una mera
cuestión de dinero, sino de reputación", sostuvo Donzinger.
Pero los esfuerzos de la empresa podrían
precipitarse con hechos como la difusión de
"Crudo". Además, figuras populares como el músico
británico Sting y la activista estadounidense
Kerry Kennedy se alinearon con los demandantes en
una pelea percibida por ellos como la de David contra Goliat.
"Como legislador y como ciudadano
estadounidense me siento avergonzado", dijo el
viernes el representante oficialista Jim
McGovern, quien visitó Lago Agrio. "Chevron tiene
la obligación moral y, creo, también legal de resolver" el conflicto, agregó.
(FIN/2009) Envíe sus comentarios al editor |