AMÉRICA LATINA: La amenaza del desierto Por Marcela ValenteBUENOS AIRES, sep (IPS) - "La desertificación es el
cáncer de la tierra", sintetizó la geógrafa
argentina Elena Abraham. "Es una degradación que
no tiene manifestaciones espectaculares, pero
avanza solapadamente y cuando es visible ya no
hay remedio y hay que emigrar en busca de una alternativa", dijo a IPS.
La advertencia llega en vísperas de la Novena
Sesión de la Conferencia de las Partes de la
Convención de las Naciones Unidas de Lucha contra
la Desertificación, que se celebrará entre el
lunes 21 de septiembre y el 2 de octubre en
Buenos Aires, con la participación de más de
2.500 asistentes de 193 países, entre
funcionarios, científicos y representantes de
organizaciones no gubernamentales.
La Convención se firmó en 1994 y entró en
vigor en 1996. La Conferencia de las Partes
(COP), o Conferencia Mundial sobre
Desertificación, se efectuó anualmente entre 1997
y 2001 y a partir de entonces, cada dos años.
En esta novena cita, llamada por eso COP 9,
los países evaluarán un plan estratégico decenal
(2008-2018) adoptado en la conferencia de Madrid,
en septiembre de 2007, acordarán indicadores
comunes para medir la degradación de los suelos y
buscarán dar mayor visibilidad política al
problema de la desertificación y reclamar más recursos para combatirla.
Según datos de la Comisión Económica para
América latina y el Caribe (Cepal), 25 por ciento
de la superficie de la región está constituida
por tierras áridas, semiáridas y subhúmedas
secas, y 75 por ciento de éstas presentan "serios
problemas de degradación" por el cambio climático
y por el mal manejo productivo.
En Argentina, México y Paraguay, más de la
mitad del territorio está afectado. En Brasil la
zona vulnerable es el semiárido Nordeste. Pero la
degradación también afecta a Bolivia, Chile,
Colombia, Cuba, Ecuador, Guatemala, Haití,
Jamaica, Perú, República Dominicana y Uruguay,
además de varias islas del mar Caribe oriental.
En Guatemala, 12 por ciento del territorio es
árido y allí viven 1,2 millones de personas. El
presidente Álvaro Colom acaba de declarar el
Estado de Calamidad Pública en esa región
golpeada por una prolongada sequía que afecta la
seguridad alimentaria de cientos de miles de
familias. Entre enero y junio murieron 462
personas por desnutrición en todo el país.
"La situación es seria prácticamente en todos
los países de la región", alerta un estudio
publicado en diciembre de 2005 por la Cepal y titulado
"Pobreza, desertificación y degradación de los
recursos naturales". Esto amenaza la subsistencia
de "una parte importante" de los 120 millones de
latinoamericanos que viven en zonas rurales, subraya.
Argentina es el país de la región más
afectado. "Es exactamente al revés de lo que se
cree: la Pampa húmeda es 25 por ciento del
territorio y el resto es árido", dijo a IPS
Octavio Pérez Pardo, director de Conservación del
Suelo y Lucha contra la Desertificación de la
Secretaría de Ambiente y Desarrollo Sustentable.
Estas áreas secas, particularmente frágiles,
están degradadas por factores climáticos y por la
actividad humana. "La causa más importante de la
desertificación en la región es la extensión de
la frontera agropecuaria", explicó Abraham,
directora del Instituto Argentino de
Investigaciones de las Zonas Áridas (Iadiza).
Abraham mencionó luego la deforestación
indiscriminada, que deja una débil cobertura de
suelo expuesto a la intemperie, el exceso de
pastoreo, las técnicas inadecuadas de cultivo y
de riego y, sobre todo, la acelerada urbanización
en esas áreas tan vulnerables.
"El problema es complejo porque no se trata
solo del impacto en el soporte físico biológico.
Si a las tierras secas se las somete a un proceso
productivo intensivo, se obliga a los grupos
sociales a migrar y a sobrevivir en la pobreza", alertó.
Estas son las ligazones que se busca
visibilizar en esta conferencia, según adelantó
Pérez Pardo. "Hay miles de personas que emigran
de África a Europa, de América Latina a Estados
Unidos, o del campo a las ciudades dentro de los
países, y un alto porcentaje lo hacen porque sus
suelos dejaron de ser productivos", remarcó.
"Cuanto menos tierra haya para explotar y más
población haya que alimentar, tenemos que lograr
una mayor productividad por unidad de
superficie", alertó. "Si se deterioran los
suelos, se amenaza la seguridad alimentaria", insistió el funcionario.
Abraham señaló que en Brasil el territorio
seco constituye 15 por ciento del total, un
porcentaje mucho menor que el de Argentina. Pero,
a diferencia de este país, en aquél la zona árida
está muy poblada y ese factor no sólo incrementa
la presión sobre el suelo sino que agrava las
condiciones para la supervivencia humana.
Frente a este panorama, que afecta a más de
100 países del mundo y a 2.000 millones de
personas, la COP 9 quiere contar con parámetros
comunes de medición. "Necesitamos ver el avance
del deterioro, y para eso debemos contar con
indicadores efectivos", dijo Pérez Pardo.
Así como el cambio climático se controla a
partir de las emisiones de gases de efecto
invernadero, los expertos necesitan medir la
degradación del suelo. Para eso, la COP incluirá
una conferencia científica de expertos de todo el
mundo, que se celebrará entre el martes 22 y el jueves 24 de septiembre.
"Debemos instalar la cultura de la medición",
enfatizó Abraham. "El objetivo de los científicos
en esta cita es compatibilizar métodos de
monitoreo, fijar estándares. Porque tenemos
mediciones pero a escala local, no nacional, y
entonces no se pueden comparar países ni medir la
evolución" del problema, detalló.
Pérez Pardo adelantó además que los delegados
analizarán mecanismos de financiamiento que
ofrecen los organismos multilaterales. "Hay un
déficit de recursos para la lucha contra la
desertificación. Es el problema ambiental global
que capta menos fondos", dijo, en comparación con
la pérdida de biodiversidad y el cambio climático.
"Los indicadores de medición y el
financiamiento son los dos grandes ejes internos
de esta conferencia y son absolutamente
estratégicos", dijo el funcionario que ejercerá
la coordinación de la reunión. "De ahí va a
depender el éxito o el fracaso de las políticas
de las Naciones Unidas en este tema", vaticinó.
Los delegados intentarán avanzar en la
vinculación entre desertificación y cambio
climático ofreciendo los suelos como fijadores de
carbono a partir de la forestación, y mostrarán
que la degradación de las zonas secas no es menos
importante que el aumento gradual de la
temperatura, sino que los fenómenos corren
paralelos, están vinculados y tienen consecuencias similares.
"¿Cuál debe ser la política de comunicación
para lograr con la desertificación el
entendimiento y la conciencia que se logró en
cambio climático? Es la gran pregunta que se va a
hacer en esta conferencia, para tratar de darle
una respuesta", finalizó Pérez Pardo.
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