ANTÁRTIDA: Límite a los derrames de cruceros
Por
Marcela Valente BUENOS AIRES, ago (Tierramérica
) - Los barcos que
navegan a la Antártida llevando a miles de
turistas que buscan una de las imágenes más puras
de la naturaleza deberán adecuarse a nuevas
normas de protección del ambiente marino, que
podrían ser más exigentes que las solicitadas por
los países del Tratado Antártico.
El Comité de Protección del Ambiente Marino
de la Organización Marítima Internacional (OMI)
propuso modificar un anexo del Convenio
Internacional para Prevenir la Contaminación por
los Buques, de 1973, a fin de prohibir el
traslado y uso de petróleo de cierta densidad,
betún, alquitrán y combustibles pesados en
embarcaciones que surquen aguas antárticas.
La propuesta fue aprobada por el Comité en su
última reunión, celebrada en Londres entre el 13
y el 17 de julio, pero su adopción, que podría
incluir modificaciones, se decidirá en la próxima sesión, en marzo de 2010.
En cualquier caso, los barcos que viajen a la
Antártida serán sometidos a una exigencia mayor a
partir de 2011, la de transportar y usar sólo
combustible liviano, más costoso pero menos contaminante.
El combustible liviano se evapora más
fácilmente, así que los riesgos de daño ambiental
son menores ante accidentes o naufragios que
causen derrames, como los que se suceden en la
Antártida cuando los buques chocan contra gigantescos bloques de hielo.
En los últimos 16 años, el tránsito de
turistas a la Antártida aumentó más de siete
veces. De los 35 cruceros que llegaron a sus
costas en la temporada 1992-1993 se pasó a 258 en
el verano austral 2008-2009. Este movimiento
entraña peligros. Solamente entre 2007 y 2009 se registraron cinco accidentes.
En 2007 el crucero Explorer chocó contra un
iceberg a menos de 100 kilómetros de la península
antártica. Sus ocupantes fueron rescatados en
botes salvavidas y el barco naufragó. Llevaba
185.000 litros de diésel marino, un combustible
liviano, lo que evitó un desastre ambiental mayor, advirtieron expertos.
La Secretaría del Tratado Antártico, con sede
en Buenos Aires, brega desde hace tiempo por un
mayor control de estos cruceros. El Tratado,
suscrito en 1959, tiene 28 países miembros
consultivos, pues realizan "investigaciones
científicas importantes" en el continente, y
otros 18 no consultivos, que asisten a las
reuniones pero no participan de las decisiones.
"En 2005, las partes consultivas del Tratado
propusieron a la OMI que prohibiera el uso de
combustibles pesados en la Antártida, y en julio
de este año la organización hizo una propuesta
más exigente aún", dijo a Tierramérica el
director de Gestión Ambiental de la Dirección
Nacional del Antártico en Argentina, Rodolfo Sánchez.
Esa dependencia sólo usa combustible liviano,
dijo Sánchez, pero muchos buques dedicados al
turismo utilizan el pesado hasta llegar a la
Antártida, cuando cargan otro más liviano. Pero
la prohibición alcanzaría también al
aprovisionamiento de ese tipo de carburante.
Las únicas naves que quedarían exceptuadas de
esta exigencia son las que realicen operaciones
de búsqueda y rescate o de seguridad, sostiene el
proyecto de enmienda al que tuvo acceso Tierramérica.
Sánchez reveló que la OMI, foro internacional
que reúne a los operadores logísticos recomendó a
los países miembros que estudiaran los posibles
efectos de esta nueva normativa con la intención
de hacer sugerencias de modificación.
"Queremos una mayor protección de la
Antártida y un turismo controlado, pero la
industria turística y algunos países que tienen
programas nacionales en el área, como Estados
Unidos, pusieron reparos a estas regulaciones, y
creo que deberíamos escucharlos", opinó.
El funcionario argentino consideró que la
decisión final debería adoptarse "por consenso" y
sugirió, por ejemplo, un mayor período de gracia
para que las empresas que envían cruceros a la
Antártida adapten sus equipos a las nuevas exigencias.
Javier Figueroa, comisionado alterno de la
cancillería argentina ante la Comisión Ballenera
Internacional y encargado de llevar los asuntos
vinculados a la OMI, estimó en cambio que la
resolución implica la prohibición del uso y
transporte de combustible pesado en la Antártida, sin lugar a modificaciones.
"Los transatlánticos llevan combustible
pesado, que es altamente contaminante, y si
aceptamos que sigan llegando turistas a la
Antártida debemos restringir la navegación a
aquellos buques que utilicen combustible
liviano", dijo Figueroa a Tierramérica.
El funcionario reveló que en la reunión de
Londres las organizaciones navieras se opusieron
a las nuevas regulaciones y pidieron más tiempo,
pero el Comité de la OMI --que depende de la
Organización de las Naciones Unidas-- mantuvo el
plazo de 2011 para su entrada en vigor.
A su juicio, la nueva regulación será
beneficiosa para la preservación de la Antártida y no perjudicará al turismo.
"El turismo en la Antártida llegó para
quedarse. Las nuevas normas podrán afectar el
precio de los pasajes, que ahora están entre
5.000 y 6.000 dólares, pero el turista que quiere
conocer este destino pagará la diferencia", aseguró.
Desde la Oficina Antártica de la austral
provincia argentina de Tierra del Fuego,
Guadalupe Ocampo dijo a Tierramérica que unos
40.000 visitantes llegaron a la Antártida en la
última temporada y se prevé un número similar en la próxima.
Los viajeros navegarán en 37 barcos de
distinto porte que se acercarán hasta el confín
para conocer de cerca paisajes y fauna. "No todos
tienen permiso para el descenso de pasajeros",
aclaró Ocampo. Y aun cuando el buque tenga mayor
capacidad, sólo se permite una hora de descenso a
los que trasladan hasta 500 personas.
Los cruceros que navegan con contingentes
mayores sólo pueden surcar las aguas del océano
Antártico entre islotes de hielo flotantes, sin descensos.
Al igual que Figueroa, Ocampo no cree que las
nuevas regulaciones afecten las visitas. "Por el
destino y el costo, se trata de un turismo muy
selectivo, que no va a dejar de venir si aumentan
los costos de traslado", aseguró.
En tanto, para las organizaciones
conservacionistas, los cambios son bienvenidos.
"Las medidas que benefician la preservación
de las aguas y el ecosistema antártico
constituirán también un freno para las
operaciones de buques dedicados a la caza de
ballenas con fines presuntamente científicos",
dijo a Tierramérica Roxana Steimberg, del
Instituto de Conservación de Ballenas.
Según informes de la Comisión Ballenera
Internacional, cada año Japón mata alrededor de
1.000 ballenas. En 2007, su emblemático buque
ballenero Nisshin Maru, que opera con combustible
pesado, protagonizó un incidente en aguas
antárticas cuando se produjo una explosión y un incendio a bordo.
* Este artículo fue publicado originalmente el 15
de agosto por la red latinoamericana de diarios de Tierramérica.
(FIN/2009) Envíe sus comentarios al editor |