BIODIVERSIDAD: Cartografiando la riqueza de los Andes tropicales Por Humberto Márquez CARACAS, ago (Tierramérica) - El Mapa de los
Ecosistemas de los Andes del Norte y Centro puede
convertirse en una guía para la conservación de
esta superficie sudamericana de 1.542.644
kilómetros cuadrados que concentra la mayor biodiversidad del planeta.
Los Andes tropicales, porción de la
cordillera que comprende los Andes Centrales, en
Bolivia y Perú, y los Andes del Norte, en
Ecuador, Colombia y Venezuela, fueron llamados
por el ecólogo británico Norman Myers "epicentro mundial de la biodiversidad".
Albergan unas 45.000 plantas, 20.000 de ellas
endémicas, y 3.400 animales vertebrados, más de
1.500 de ellos endémicos, en sólo uno por ciento
de la superficie terrestre, según datos de la no
gubernamental Conservación Internacional.
Esa riqueza "se distribuye en 133 ecosistemas
que inventariamos para nuestro mapa de las áreas
a más de 500 metros de altitud, y de los cuales
77 están presentes en Perú, 69 en Bolivia, 31 en
Ecuador, 22 en Colombia y 21 en Venezuela", dijo
a Tierramérica el ecólogo Eulogio Chacón-Moreno,
responsable del proyecto en Venezuela.
El mapa, presentado por primera vez en abril,
se concibió como herramienta para "identificar
vacíos y prioridades de conservación en los
sistemas nacionales de áreas protegidas, y para
desarrollar un conjunto de indicadores que
permita evaluar el estado de conservación de los
ecosistemas andinos", dijo Chacón-Moreno.
Es el caso de los páramos, ecosistemas
montañosos no arbolados, "con un alto grado de
endemismo, diversidad única por el modo como se
relacionan las especies, y fuente de agua dulce
de primera importancia", dijo a Tierramérica
Vanessa Cartaya, del regional Proyecto Páramo
Andino, auspiciado por el Fondo para el Medio Ambiente Mundial.
Cartaya destacó que la intensificación del
uso de la tierra, la expansión de la frontera
agrícola, la urbanización y la mayor demanda de
agua potable, así como el cambio climático,
"inciden sobre los páramos de un modo que hace
necesario saber sobre cuáles áreas intervenir con prioridad".
Los páramos se sitúan entre 3.000 y 4.500
metros de altura en los Andes del Norte y Centro
(Venezuela, Colombia, Ecuador, norte de Perú) con
registros de temperatura, humedad, insolación,
lluvia y viento que los convierten en áreas
distintas a las del trópico donde están
enclavados, y con plantas herbáceas de flores
hermosas como el frailejón (Espeletia neriifolia).
"El páramo funciona como una esponja que
capta el agua de lluvia, la filtra y la suelta"
hacia otros paisajes, afirma el texto que
acompaña el mapa. En sus cimas hay restos de
glaciares y lagunas que alimentan manantiales y arroyos.
El trabajo fue elaborado en base a estudios y
cartografía disponible en institutos nacionales y
cuyos datos fueron homologados, como el Mapa de
Vegetación de Bolivia, el de Ecosistemas de los
Andes Colombianos, el de Sistemas Ecológicos del
Ecuador Continental, el Forestal del Perú, y el
de Unidades Ecológicas de Mérida, en Venezuela.
También se espera publicar un atlas en 2010,
que ya tiene una versión preliminar que puede encontrarse en Internet.
El mapa es un aporte a la Agenda Ambiental de
la Comunidad Andina de Naciones (CAN, integrada
por Bolivia, Colombia, Ecuador y Perú), como guía
para diseñar y coordinar políticas de las
autoridades ambientales nacionales sobre tres
ejes: biodiversidad, cambio climático y recursos hídricos.
Fue elaborado con apoyo de la Agencia
Española de Cooperación Internacional para el
Desarrollo, el Ministerio de Medio Ambiente de
España y la Agencia Suiza para el Desarrollo y la
Cooperación, y coordinado por la organización no
gubernamental NatureServe y el Consorcio para el
Desarrollo Sostenible de la Ecorregión Andina.
Para Chacón-Moreno, el trabajo permitirá
"iniciar estudios de ecología del paisaje para
identificar los ecosistemas con mayor dinámica y
patrones de fragmentación, que sirvan como insumo
para orientar políticas de conservación".
También se podrá "evaluar la vulnerabilidad
de los ecosistemas andinos a través de modelos de
distribución de vegetación en escenarios de
cambio climático y dinámicas de cambio en el uso del suelo", agregó.
Por ejemplo, el Instituto de Ciencias
Ambientales y Ecológicas de la venezolana
Universidad de los Andes, que dirige
Chacón-Moreno, ha estudiado el avance del bosque
nublado de montaña hacia las alturas parameras en
las sierras más altas del sudoeste de Venezuela,
con registros tomados entre 1952 y 1999,
"mostrando cómo se ha reducido la zona paramera con el paso de las décadas".
"Los cambios en la cobertura vegetal muestran
las anomalías climáticas. A ese respecto, el mapa
y los estudios que lo soportan permiten el examen
de toda una región bajo un mismo sistema
estandarizado de clasificación", dijo el experto.
A partir de allí, "la construcción de una
base de datos" permitirá crear una "herramienta
de planificación que contenga información sobre
biodiversidad" de las especies, de las
comunidades y de los ecosistemas, añadió Chacón-Moreno.
De los 133 ecosistemas identificados, el más
extenso es el Pajonal Altoandino de la Puna
Húmeda (Perú y Bolivia) con 9.676.971 hectáreas,
de las que apenas 6,8 por ciento están en zonas protegidas.
"El uso humano ha influenciado mucho la
estructura de esos paisajes, sometidos durante
siglos a ramoneo (podas de árboles) y quemas
cíclicas, por lo que allí deben desarrollarse
criterios que permitan evaluar mejor los paisajes
naturales" para comprender mejor "el estado de
conservación de los ecosistemas en los Andes
Centrales", indica un informe que acompaña al mapa.
Los Andes Tropicales se extienden por 4.000
kilómetros. Rara vez la cordillera desciende de
los 2.000 metros de altitud, y la mayor parte de
su paisaje se caracteriza por empinadas
pendientes, quebradas profundas, fondos de extensos valles y cimas escarpadas.
En la porción de los Andes Centrales se forma
una extensa meseta, el altiplano, que supera los
3.500 metros en el sur de Perú y oeste de Bolivia.
Sus ciudades y poblados albergan a más de 40
millones de personas que dependen en gran medida
de los bienes y servicios naturales de los
ecosistemas andinos, incluidos granos, frutas, legumbres, raíces y tubérculos.
El mapa "también se ha planteado como una
herramienta de información y educación para las
comunidades con respecto a las posibilidades de
su entorno y la importancia de conservarlo, para
obtener de allí desde agua y aire limpios hasta
el sustento y el disfrute de la belleza paisajística", subrayó Cartaya.
* Este artículo fue publicado originalmente el 1
de agosto por la red latinoamericana de diarios de Tierramérica.
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