SALUD-PALESTINA: Píldoras para olvidar Gaza
Por
Erin Cunningham
GAZA, jun (IPS) - Buscando evadirse de años de
guerra, de una pobreza punzante y del implacable
bloqueo económico, los habitantes de Gaza han
desarrollado una seria adicción al analgésico y
narcótico tramadol, según funcionarios médicos de la franja.
Las píldoras son pequeñas, de color blanco,
amarillo o verde, y están disponibles en casi
cualquier parte, tanto en farmacias como en el
mercado. Son baratas y adictivas.
"Las tomo porque, aunque sea por un momento,
me hacen olvidar que estoy en Gaza", dijo Abu
Ala'a, habitante de la franja y padre de cuatro hijos.
Las fronteras del conflictivo enclave
palestino han estado selladas herméticamente
durante dos años, tanto por Israel como por
Egipto, y un ataque militar israelí entre el 27
de diciembre y el 17 de enero mató a unos 1.500 habitantes de la franja.
Gaza tiene la mayor tasa de desempleo del
mundo: 45 por ciento de su población
económicamente activa, según la Organización de
las Naciones Unidas (ONU), y 75 por ciento de sus
habitantes se sienten inseguros, de acuerdo con otro estudio del foro mundial.
En los últimos dos años, los rumores sobre la
capacidad del tramadol para mejorar el estado de
ánimo y el hecho de que no se requiera una receta
médica para acceder a él impulsaron a miles de
palestinos desesperados a refugiarse en las diminutas pastillas.
Utilizado con fines médicos para tratar
dolores moderados a severos, este fármaco es un
opioide sintético relacionado con la morfina y,
un poco más lejos, con la adictiva heroína.
Aunque altera la percepción del dolor, sus
efectos colaterales incluyen una leve euforia,
resistencia sexual y una sensación de relajación
generalizada. También alivia los síntomas de la ansiedad y la depresión.
"Los habitantes de Gaza están en constante
estado de pánico. Con la guerra y el sitio, su
trauma continúa. Necesitan sentir que tienen
control sobre sus vidas", sostuvo Abdel Aziz
Mousa Thabet, psiquiatra clínico e investigador
del Programa de Salud Mental de la Comunidad de Gaza.
Pero el medicamento, que también se
comercializa mundialmente bajo la marca Tramal,
genera dependencia física y mental, según
funcionarios de salud. También puede ser
extremadamente peligroso si se lo usa con fines
recreativos y en altas dosis o sin control médico.
Ni el gobierno liderado por Hamás (acrónimo
árabe de Movimiento de Resistencia Islámica) ni
las organizaciones no gubernamentales locales
dedicadas a la salud tienen cifras oficiales
sobre cuántos habitantes de Gaza toman el
fármaco, pero señalan que su uso se ha difundido peligrosamente.
"Lo están usando personas de todos los
estratos sociales. Hombres, mujeres, jóvenes,
estudiantes universitarios. Realmente está fuera
de control", dijo el portavoz de la policía civil de Gaza, Islam Shahwan.
La epilepsia es el efecto secundario más
serio, dijo el director del Departamento de
Drogas Farmacéuticas del Ministerio de Salud,
Waseem Saqer. Pero el tramadol también puede
causar hipertensión y daños hepáticos y renales a largo plazo.
"Causa confusión y mareos, y es muy peligroso
cuando se lo ingiere con alcohol", explicó Saqer.
"La gente no sabe esto porque no obtiene el
fármaco a través de un médico. La situación es muy grave", sostuvo.
Comercializado en píldoras o en pequeñas
cápsulas de gel, el tramadol es más discreto que
otras sustancias como el alcohol o la marihuana,
dijo Mazen Al-Sakka, profesor de farmacología en
la Universidad Al-Azhar de Gaza.
Por lo tanto, es más probable que pase
inadvertido en la sociedad de la franja, conservadora en materia de religión.
En Gaza, los consumidores del tramadol
disuelven las píldoras --que vienen en dosis de
100 o 200 miligramos-- en tazas de té o café, o
incluso las aplastan para fumarlas con el
"hookah", pipa tradicional en Medio Oriente.
Así ingresan a otro mundo, calmo, feliz y
sin los problemas que conlleva ser obligado a vivir en una gran prisión.
"Lo tomo cuando estoy estresado, y cambia
completamente mi estado de ánimo. Pero ahora
necesito tomar más para sentirme tan feliz como
la primera vez", dijo Abu Moustafa, desempleado y padre de ocho hijos.
Por orden del Ministerio de Salud, el
tramadol ya no está oficialmente disponible en
farmacias sin una receta, pero se lo contrabandea
a través de túneles que serpentean bajo la
frontera de Gaza con Egipto para alimentar la
creciente adicción de la población.
Diez píldoras de 100 miligramos cuestan entre
20 y 25 shekels (de cinco a seis dólares) con una
receta médica. También se pueden comprar
individualmente en el mercado negro, a un dólar cada pastilla.
Ingerir más de 400 miligramos en un periodo
de 24 horas puede ser letal, dijo Saqer.
Se sabe que los farmacéuticos locales guardan
existencias del medicamento, que venden para
obtener ganancias extra, de modo clandestino, o
lo distribuyen entre sus amigos.
"No nos dimos cuenta de cuán serio era el
problema del Tramal hasta que, el año pasado,
iniciamos nuestra ofensiva contra el
narcotráfico. Al comienzo hallamos 80.000
píldoras de una vez. Una sola farmacia necesita
apenas entre 50 y 60 pastillas cada seis meses", dijo Shahwan.
El fármaco se vendió legalmente en el mercado
palestino de los narcóticos durante una década,
pero según Shahwan los usuarios de drogas pesadas
comenzaron a tomarlo solamente después que el
bloqueo obstruyó sus suministros normales.
Luego su uso se propagó como el fuego entre
una población convulsionada por la guerra y
aislada tanto psicológica como geográficamente
del resto del mundo. Su uso prevalece
particularmente en los campamentos de refugiados de Gaza, que son cada vez más.
"La gente está ansiosa e irritada. No puede
dormir, se siente desesperanzada e indignada", dijo Thabet.
"Y en una sociedad normal, si uno se siente
así, ¿qué hace? Recurre a ciertos mecanismos que
le permitan afrontarlo: trabajar más, estudiar
más, canalizar su energía. Pero en Gaza no hay
economía. No hay esperanzas en relación al
futuro. No hay nada. Así que acuden al Tramal", agregó.
Pese a todo esto, Hamás continúa sus
esfuerzos por erradicar tanto el abuso del Tramal
como su disponibilidad en Gaza, dijo Shahwan.
El Ministerio de Salud, liderado por Hamás, y
algunas organizaciones no gubernamentales
locales, realizan talleres sobre cómo abordar el
creciente problema, así como educar y tratar a los adictos.
Los contrabandistas que sean atrapados
transportando o vendiendo tramadol serán multados
y posiblemente encarcelados, señaló Shahwan.
También hay planes de abrir centros de
tratamiento para adictos dentro de las prisiones.
Pero si la situación política y económica
está estancada, y continúa la amenaza de la
guerra, es poco probable que la población de Gaza
abandone su adicción al analgésico en el corto plazo.
Shahwan teme que, cuando se levante el sitio,
a la sociedad no sólo se le encargue la
reconstrucción, sino también rehabilitar a una
población adicta a los narcóticos.
"El sector de la salud en Gaza no tiene la
capacidad de tratar con los adictos. Este
problema que tenemos con el Tramal se convertirá
en una catástrofe", opinó Al-Sakka.
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