AMBIENTE-BRASIL La maravillosa basura electrónica
Por
Clarinha Glock PORTO ALEGRE, Brasil, abr (IPS/IFEJ
) - Con una
pieza de uno que otro equipo inservible, los
alumnos del Centro de Recuperación de
Computadoras (CRC) de la sureña ciudad brasileña
de Porto Alegre pusieron a andar 1.700 máquinas en tres años de trabajo.
A fines de 2009 deberían llegar a 2.500
computadoras, que serán distribuidas a escuelas,
jardines de infantes, organizaciones no
gubernamentales y centros de informática,
acercando la tecnología a gente que está aún
lejos de ella en esta ciudad de 1,5 millones de
habitantes, capital del estado de Rio Grande do Sul.
La materia prima del CRC es la basura
electrónica que desechan el gobierno federal, los
bancos, las empresas y usuarios individuales, que
se deshacen de sus computadoras por otras más
modernas o porque no consiguen repararlas.
Antes, computadores, impresoras y accesorios
eran arrojados a vertederos sanitarios o
depositados en un confuso montón que acababa
mezclado con escombros. Ahora recuperan un tiempo
más de vida útil, o son reciclados como materia
prima para expresiones artísticas.
El proyecto forma parte del Programa
Brasileño de Inclusión Digital y es resultado de
una asociación entre el Ministerio de
Planeamiento y la Red Marista de Educación y
Solidaridad, parte de la congregación católica de los Hermanos Maristas.
Centros como el de Porto Alegre se han
instalado en los estados de Minas Gerais y São
Paulo, en el sudeste y el sur, y en el distrito
federal de Brasilia, centro del país.
Como en los demás, el CRC de Porto Alegre se
encuentra en un barrio periférico. Allí 88
jóvenes de familias vulnerables reciben una beca
que les permite aprender a desarmar,
reacondicionar, adaptar y montar equipos,
instalar software libre, programar y configurar computadoras.
Pero, sobre todo, descubren el valor de cada
pieza, no sólo de las máquinas, sino de ellos
mismos como ciudadanos. "El curso es importante
por su aspecto profesional y por la convivencia
personal, porque aquí la gente interactúa",
explica Keith Garcia Reges, de 16 años.
En la "era de lo descartable", ella y sus
compañeros constituyen una excepción. "Dejamos de
desechar muchas cosas y aprendemos a usar más lo
que tenemos en casa", dice. Es poca la gente que
puede darse el lujo de revolver sin miedo dentro
de una computadora porque si se "descalabra", después se "arregla", dice.
Reges repara computadores, cargadores de
teléfonos celulares, parlantes, ventiladores. Y
multiplica sus conocimientos. Invitó a dos de sus
colegas a presentar un trabajo sobre residuos
electrónicos en una muestra pedagógica que se llevará a cabo en su escuela.
En el pabellón instalado en la sede del
Centro Social Marista (Cesmar) de la ciudad,
Rafael de Vasconcelos, de 17 años y apasionado
por la robótica, llegó más lejos. Empezó como
voluntario cuando tenía 15, fue monitor, luego
contratado como aprendiz y hoy es educador. Con
la beca que recibe paga sus estudios en la
Facultad de Ingeniería Eléctrica y Electrónica, a la que acaba de ingresar.
"Cuando estoy en clase, me siento feliz de
ver que aprendo a mezclar estas cosas que ayudan a mejorar el mundo", afirma.
Los ojos de Vasconcelos apenas perciben la
ventaja de la velocidad y eficiencia de los
equipos que pone a andar. Él reconoce, por
ejemplo, que la fabricación de un computador
tiene más costos para el ambiente que los imaginados por los consumidores.
Todo lo que llega al CRC se aprovecha. Muchas
piezas que no pueden ser reparadas se desmontan y
son estudiadas en las aulas de robótica, territorio de Vasconcelos.
Quien vea la montaña de carcasas de máquinas
tragamonedas en el patio del Cesmar no imagina la
cantidad de productos generados a partir de esos
equipos ilegales incautados por la Receita
Federal (autoridad impositiva) y donados con una
condición: que se reaprovechen sus materiales.
Orgulloso, Vasconcelos relata cómo transformó
una vieja pantalla en un cartel luminoso de
divulgación. "Nos llevó dos meses 'mapear' la
parte electrónica, después 'plugamos'
(enchufamos) el puerto paralelo del computador e
hicimos un programa para imprimir palabras y
letras", describe contagiado de la jerga informática.
El conocimiento adquirido pasa a los nuevos
estudiantes. La madera de las máquinas
tragamonedas también se usará para fabricar
banquitos, adornos y mesas, en un nuevo proyecto
que se iniciará este año para crear a la vez nuevos oficios e ingresos.
En la parte trasera del CRC, los residuos
electrónicos que no pueden recuperarse se
convierten en arte. La cubierta de un antiguo y
enorme computador IBM sirve de base para pintar
grafitis con motivos de la Pascua, que decoraron el Cesmar en la Semana Santa.
Cuando era nuevo, hace unos 12 años, este
computador costaba unos 27.000 dólares, observa
Tarcísio Postingher, coordinador técnico del
Centro. "La tecnología evolucionó tanto que ya no
puede funcionar con los modelos actuales", explica.
Desarmado, se convirtió en cuadros que
expresan la creatividad y el talento juveniles.
De sus partes metálicas surgen pequeñas figuras
de jugadores de fútbol, pintadas y colocadas
sobre una base, que se usan como trofeos.
Cuando los materiales no se pueden
reaprovechar, el propio CRC se encarga de darles
un destino apropiado. Aunque incipiente, se está
desarrollando en Brasil un mercado de empresas
que captan basura electrónica, conocida aquí como
"e-lixo", y que se compone sobre todo de placas
de informática, telefonía y electrónica.
Una de esas empresas es Lorene. "Procesamos
unas 200 toneladas de e-lixo por mes", afirma su
gerente de producción, Eduardo Manuel Ribeiro de Almeida.
De ese proceso de purificación, emergen
metales nobles, como oro, plata, platino, paladio
y cobre, que retornan al ciclo productivo,
reduciendo así la demanda y extracción de
minerales de la naturaleza, explica el ingeniero Almeida.
El coordinador del CRC, Postingher, con
formación teológica y postgraduado en
informática, señala los desafíos futuros. "En
2008, se vendieron en este país 12 millones de
computadoras. Eso significa que en dos o tres
años habrá que darles un destino final", dice.
Además de la adaptación a las nuevas
tecnologías, se necesita formar profesionales con una visión global.
Atento a los debates de las tecnologías de la
información verde, Postingher recuerda que uno de
los principales problemas de los centros e
industrias informáticas es economizar electricidad.
Una posibilidad es contar con un único
servidor virtual que administre 10 servicios al
mismo tiempo, disminuyendo la cantidad necesaria
de computadoras y de energía, ejemplifica.
De esta forma, se daña menos el ambiente.
"Este cambio de mentalidad es difícil, pues todo
el mundo quiere consumir. Hay que preparar a los
seres humanos, y eso requiere un proceso educativo", concluye.
* Este artículo es parte de una serie producida
por IPS (Inter Press Service) e IFEJ (siglas en
inglés de Federación Internacional de Periodistas
Ambientales) para la Alianza de Comunicadores
para el Desarrollo Sostenible
(http://www.complusalliance.org). Excluida la
publicación en Italia. Publicado originalmente el
18 de abril por la red latinoamericana de diarios de Tierramérica.
(FIN/2009) Envíe sus comentarios al editor |