MUJERES-AMÉRICA LATINA Con la cuota no alcanza Por Marcela ValenteBUENOS AIRES, sep (IPS) - Una investigación
publicada en Argentina revela el éxito en muchos
países latinoamericanos de la aplicación de
cuotas en las listas electorales para garantizar
el equilibrio de género en los parlamentos. No
obstante, se advierte que hacen falta más
herramientas para acelerar ese proceso.
"Las leyes de cuotas pueden existir y
cumplirse, pero ser poco efectivas, es decir
tener resultados débiles", explicó a IPS la
socióloga argentina Nélida Archenti, coautora y
compiladora del libro titulado "Mujeres y
Política en América Latina. Sistemas electorales
y cuotas de género", que acaba de publicarse en este país.
Según el flamante Informe 2008 sobre los
Objetivos de Desarrollo para el Milenio de la
Organización de las Naciones Unidas, la
participación de las mujeres en los parlamentos
de América Latina y el Caribe aumentó de 11,9 por
ciento en 1990 a 22,2 por ciento. Un avance que
se explica fundamentalmente por las normas de
cuotificación de mujeres por tantos hombres.
El texto reúne investigaciones realizadas por
distintos autores en 10 países de la región. Se
analizan los casos de Argentina, Bolivia, Brasil,
Costa Rica, Ecuador, México, Perú y República
Dominicana, donde existen leyes de cuotas, y
también los de Chile y Uruguay, donde no hay ese tipo de normas.
A pesar de tener una presidenta mujer,
Michelle Bachelet, y un gabinete con alrededor de
la mitad de ministras, Chile no cuenta con ley de
cuotas y las mujeres ocupan apenas 15,8 por
ciento de la Cámara de Diputados y 5,2 por ciento
de asientos en el Senado. En Uruguay, la
participación está en 11 y 10 por ciento respectivamente.
El estudio analiza las claves del éxito en
países como Argentina o Costa Rica y comenta
casos extremos de fraude en países con cuotas,
como el caso de Bolivia, donde candidatos a
concejales se presentaron para las elecciones de
1999 con nombres de mujer amparados en esa norma
y no sólo no fueron sancionados sino que
asumieron las bancas obtenidas de este modo.
También se menciona el caso desvirtuado de
aplicación en República Dominicana, donde mujeres
vinculadas a dirigentes políticos por lazos
familiares ocuparon candidaturas usufructuando la
ley de cupo en los últimos comicios legislativos
y luego, al obtener los cargos, cedieron ese lugar a los hombres.
Las leyes de cuotas son medidas de acción
positiva recomendadas en los años 80 por la
Organización de las Naciones Unidas para promover
el balance de género en los poderes del Estado.
En América Latina y el Caribe, la campaña a favor
de esas normas mostró su eficacia para ampliar la
representación femenina en las cámaras legislativas.
Argentina fue pionera en la temática. En 1991
se erigió en el primer país del mundo en contar
con una ley que establecía un mínimo de 30 por
ciento de candidatas femeninas en listas
electorales. Luego, mediante reformas, decretos y
fallos judiciales, la norma fue mejorando a fin
de asegurar su cumplimiento efectivo.
"Los partidos políticos se resisten a
aplicarla con equidad de género, lo cual hacen en
general es cumplir con la norma, pero al mínimo", observó Archenti.
Con la vigencia de la norma, la proporción de
mujeres en la Cámara de Diputados argentina pasó
de 5,4 por ciento en 1991 a 35,4 por ciento en
2005 y en el Senado de cuatro a 43 por ciento
para el mismo período. "En Argentina, las
condiciones del sistema electoral son muy
favorables a las leyes de cuotas", aclaró Archenti.
Según concluyen todos los estudios
recopilados en el libro, para lograr la mayor
incorporación de mujeres no basta que haya una
ley que fije un mínimo de candidatas. Se requiere
una obligación cuyo incumplimiento prevea
sanciones y que las postulantes ocupen lugares
con posibilidades de acceder al cargo y no que
sirvan de relleno en los últimos lugares o de suplentes.
En el caso de Brasil, donde hay ley de cuotas
desde 1998, la norma no es vinculante y por eso
el patrón de representación femenino es "muy
bajo", explica la socióloga Clara Araujo. En el
Senado hay 14 por ciento de mujeres ocupando las
bancas, un porcentaje que está por debajo del promedio regional.
La autora, investigadora de la Universidad
Estadual de Río de Janeiro, sostiene que, si bien
la no obligatoriedad es la "principal debilidad"
de la ley, hay otros factores que conspiran como
la lista abierta que deja margen a la
discrecionalidad de los votantes. En este punto,
los autores coinciden en que las listas cerradas favorecen más a las mujeres.
También son más efectivas las cuotas si
contemplan el "mandato de posición", es decir la
ubicación obligatoria de las mujeres en puestos
con posibilidad de ser elegidas. Por los rasgos
de la cultura política latinoamericana, de sesgo
patriarcal, los electores prefieren candidatos hombres, explica Acrhenti.
Si la lista es abierta, el mandato puede ser
alterado por voluntad del elector, admitió la
socióloga de la estatal Universidad de Buenos
Aires. Es preferible la nómina cerrada, que no es
susceptible de alteraciones en las prioridades o
tachaduras, y con mandato de posición, aunque
sólo seis países en la región incluyeron esta última regla.
En México, el impacto de la ley de cuotas es
escaso, pero por otras razones, señala el doctor
en ciencias sociales de ese país, Diego Reynoso,
y apunta como principal inhibidor de una
incorporación más vasta a las circunscripciones
uninominales, donde sólo va un candidato (o candidata) por partido.
La ley de cuotas mexicana es de 1993 y fueron
necesarias sucesivas reformas para hacerla
efectiva, como ocurrió en Argentina y Costa Rica.
No obstante, la proporción de mujeres en la
Cámara de Diputados es de 23 por ciento y en el
Senado de 16 por ciento, porcentajes alejados del
mínimo de 30 por ciento fijado en la ley.
En Costa Rica, la mayor incorporación también
llegó con la ley de cuotas. De solo seis por
ciento en 1986, las mujeres pasaron a representar
47 por ciento en 2002. "La legislación que
meramente exhorta a los partidos a aumentar la
participación femenina cae en oídos sordos",
advierte Mark Jones, de estadounidense Universidad de Michigan.
En los países andinos, las leyes de cuotas
aumentaron la participación de mujeres en los
parlamentos. En Bolivia pasaron de 25,8 por
ciento en 2001 a 28,3 por ciento en 2006. En
Ecuador, donde abundan los distritos
uninominales, declinaron de 27 a 26 por ciento en
igual período, y en Perú subieron de 18,3 a 28,3 por ciento.
Finalmente, el libro analiza los casos de
países en los que la ley de acción positiva no
pudo ser aprobada. Uno de ellos es Uruguay, que
pese a ser el primer país de la región en
habilitar el voto femenino pleno, en 1932, aún no
tiene cuotas. Si las tuviera, prácticamente se
duplicaría el número de mujeres, según una simulación hecha en el estudio.
El otro fenómeno es el de Chile, donde las
mujeres tuvieron "firmes logros" en términos de
participación en el Poder Ejecutivo, dice la
coautora, Susan Franceschet, de la canadiense
Universidad de Calgary. El presidente del periodo
anterior, Ricardo Lagos (2000-2006), nombró a
cinco ministras y su visibilidad fue clave para avanzar en la escena política.
Así fue sucedido en la presidencia por una de
sus ministras, Bachelet, quien designó un
gabinete de paridad de género. Pero el sistema
electoral "binominal" (dos legisladores más
votados por distrito), herencia de la dictadura
de Augusto Pinochet (1973-1990), es una "barrera
crucial" para una ley de cuotas realmente efectiva, según Franceschet.(FIN/2008) Envíe sus comentarios | © Reproducir este artículo
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