AMBIENTE-BRASIL Pescadores al rescate de las tortugas Por Fabiana Frayssinet *FLORIANÓPOLIS, Brasil, mar (IPS) - Una
iniciativa de conservación alienta a pescadores
del sur de Brasil a combatir la captura accidental de tortugas marinas.
Son las cinco de la mañana, cuando los
pescadores de la brasileña Barra da Lagoa se
embarcan para ver qué ofrenda les dejó el mar en
sus redes. En el escaso fruto de esta noche no
encuentran tortugas heridas o agonizando en sus trampas.
En grupos de seis y repartidos en dos
coloridas embarcaciones, los pescadores se
adentran en el mar del este de Florianópolis,
capital del meridional estado de Santa Catarina.
Tierramérica los acompaña en otro bote del
proyecto Tamar (Programa Brasileño de
Conservación de Tortugas Marinas, ejecutado por
el gubernamental Instituto Brasileño del Medio
Ambiente (Ibama) a través del Centro Brasileño de
Protección e Investigación de Tortugas Marinas.
Tamar controla ocho redes, que atrapan
accidentalmente unas 25 tortugas marinas por año,
relata a Tierramérica el veterinario Eduardo Tadashi.
De siete variedades de tortugas marinas, que
se agrupan en las familias Cheloniidae y
Dermochelyidae, cinco están en Brasil, todas
ellas en la lista de Ibama de especies
amenazadas. La captura de estas gigantescas
especies marinas existentes desde hace más de 150
millones de años está prohibida en el país.
La misión de Tamar en Florianópolis es
concientizar a la población local sobre la
necesidad de conservar las tortugas, y trabajar
junto a los pescadores para reducir las capturas accidentales.
Los animales llegan a esta zona antes de su
madurez reproductiva -entre los 23 y los 25
años- para alimentarse, explica a Tierramérica
Eron Lima, un biólogo que coordina el proyecto Tamar en todo el sur de Brasil.
Las aguas de esta zona son ricas en los
alimentos preferidos por las tortugas: peces,
cangrejos y algas. Pero junto a ese banquete, las
tortugas también encuentran las trampas humanas:
redes y anzuelos, en los que quedan atrapadas, a menudo hasta morir.
El pescador Josemar Teixeira dice a
Tierramérica que, hasta hace unos años, cada vez
que caía una tortuga en sus redes se la repartían entre todos para comer.
Pero desde que el proyecto Tamar llegó en
2005 a la "isla" (como se llama a la capital de
Florianópolis, cuya mayor parte es territorio
insular), ya no lo hacen, "porque uno ahora sabe que está prohibido", agrega.
Los pescadores artesanales ganan, en buenas
épocas, poco más de un salario mínimo (unos 235
dólares mensuales). Por eso, y por tradición, es
difícil dejar de lado un alimento tan preciado
para sus paladares y su economía de subsistencia.
Ahora no se limitan a no capturarlas ni
comerlas si caen en sus redes. Según Teixeira,
llevan los ejemplares encontrados hasta la sede
de Tamar donde las recuperan y las devuelven al mar.
"Hace poco agarré una tortuga más grande
encima de otra pequeña que casi no podía respirar", recuerda.
"Hoy en día ya nadie mata" tortugas, y
últimamente se ven más ejemplares en el mar, asegura.
Para los pescadores acabó siendo un problema
atrapar tortugas por accidente, pues les insume
un tiempo que necesitan para atrapar la "joya del
mar", un pez espada gigante, de los más cotizados
en el mercado, pues se vende a unos 50 dólares el
kilogramo, enfatiza el coordinador de Tamar.
En el centro Tamar de Barra da Lagoa, con
varias piscinas donde se exponen tortugas nacidas
en cautiverio, Lima destaca que el proyecto
experimenta con nuevos anzuelos para peces espada
-unos 100 por espinel--, que hieran menos a las tortugas.
A diferencia de los anzuelos tradicionales,
en forma de letra jota y más punzantes, éstos son
redondos y cerrados, lo que dificulta que la
tortuga se enganche en ellos y, en caso de que
ocurra, "disminuye el impacto de la herida", subraya el biólogo.
En un año de pruebas con los nuevos anzuelos,
las tortugas que traen los pescadores están mucho
menos lastimadas. El centro rehabilitó 94
ejemplares en 2007. Los pescadores participan cada vez más, celebra Lima.
La función educativa es otro de los logros
del proyecto, que recibe unos 40.000 visitantes
anuales y también abarca a los estados de Rio
Grande do Sul, Espirito Santo y Río de Janeiro.
Tamar, patrocinado por la empresa petrolera
brasileña Petrobras, se financia también con lo
recaudado con las visitas a su centro (poco más
de un dólar por billete) y la venta de camisetas y otros productos.
* Colaboradora de IPS. Publicado
originalmente el sábado 8 de marzo por la red
latinoamericana de diarios de Tierramérica.(FIN/2008) Envíe sus comentarios | © Reproducir este artículo
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