AMBIENTE Bosques ingresan al comercio de carbono
Por
Zilia CastrillónBOSTON, Estados Unidos, oct (IPS/IFEJ
) - Como la
deforestación es la segunda mayor fuente de gases
que recalientan la atmósfera, expertos centran la
discusión en la viabilidad de compensar a los países que protejan sus bosques.
La propuesta Reducción de Emisiones de la
Deforestación (RED) no fue incluida en el
Mecanismo de Desarrollo Limpio (MDL) del
Protocolo de Kyoto sobre Cambio Climático. Pero
ahora es evaluada por científicos, empresas y
organismos de países pobres con gran cobertura forestal.
El MDL permite que gobiernos y empresas de
las naciones industriales obligadas a abatir sus
gases invernadero, cumplan en parte invirtiendo
en proyectos limpios en países en desarrollo para
obtener reducciones certificadas de emisiones a costos más bajos.
"La RED no frenaría el cambio climático, pero
podría integrar una estrategia múltiple", explicó
al ser entrevistado Christopher Field, director
del Departamento de Ecología Global del Instituto Carnegie de Washington.
La RED surgió en 2005 en la 11 Conferencia de
las Partes de la Convención de las Naciones
Unidas sobre el Cambio Climático, liderada por
Papúa Nueva Guinea y Costa Rica, con apoyo de la
Coalición de Naciones con Bosques Tropicales.
Consiste en incluir la deforestación evitada en
el comercio global de créditos de carbono, principal gas de efecto invernadero.
Se espera que su implementación se concrete
en la 13 Conferencia de las Partes, a realizarse
en diciembre en la isla indonesia de Bali.
Brasil por su parte propone un fondo con
aportes voluntarios de dineros públicos para
compensar el esfuerzo de los países en desarrollo
que reduzcan la deforestación y que serían
remunerados según la emisión evitada.
En el artículo "Tropical Forests and Climate
Policy" (Bosques tropicales y políticas
climáticas), publicado el 10 de mayo en la
revista Science Express, Field y otros
investigadores proponen frenar en 50 por ciento
el ritmo actual de deforestación para 2050.
Esto equivaldría a 50.000 millones de
toneladas de carbono no lanzadas a la atmósfera,
equivalentes a seis años de liberación de gases
procedentes de combustibles fósiles, afirman.
Pero esa cifra "es insignificante", según
Almuth Ernsting, de la campaña Biofuelwatch-Gran
Bretaña. Como la RED no intenta detener la tala
de bosques a escala industrial, "muchas selvas
tropicales, incluida la Amazonia, se derrumbarán
mucho antes de alcanzar ese 50 por ciento", dijo a esta cronista.
La Amazonia es el ecosistema boscoso con
mayor cantidad de carbono: 305 toneladas por
hectárea, de las cuales 28 por ciento están en el
suelo, según un estudio de 1998.
Su destrucción liberaría 120.000 millones
de toneladas de carbono hasta 2050, lo que sería
catastrófico para el clima, agregó Ernsting.
La transformación de ecosistemas naturales en
plantaciones agrícolas supone una pérdida de 75
por ciento del carbono del suelo en los trópicos.
Eso implica entre 18 y 20 por ciento del total de
emisiones por deforestación, según expertos.
En los bosques y suelos hay almacenado casi
el doble del carbono existente en la atmósfera,
declaró para este artículo William Moomaw,
director del Centro para las Políticas
Internacionales sobre Ambiente y Recursos de la
estadounidense Universidad de Tufts.
Uno de los problemas de la "deforestación
evitada" es el riesgo de que las emisiones por
pérdida boscosa se fuguen a otras zonas dentro o
fuera de los países beneficiarios.
"Si un área es conservada y otra deforestada,
¿cómo funcionaría esa contabilidad? Plantar
árboles en otras zonas podría no funcionar, pues
a menudo se practica en suelos no aptos para bosques", agregó Moomaw.
Ese problema ya se ha dado con las
plantaciones de árboles para absorber carbono y
puede repetirse en un esquema de reducción de
emisiones de la deforestación, señalan los críticos.
El mercado de carbono sirvió para financiar
plantaciones de monocultivos con impactos muy
negativos en suelos, comunidades, recursos
hídricos e, irónicamente, en las emisiones de carbono, opinó Ernsting.
También hay dudas sobre las dificultades para
controlar los cambios en las existencias de
carbono de los bosques una vez que el sistema se aplique.
"La supervisión implica algunos gastos, pero
las tecnologías satelitales vuelven el desafío
relativamente simple", alegó Field.
Las mediciones nacionales pueden funcionar,
explicó Moomaw. En el ámbito internacional se
necesitaría que la Unión Europea, Estados Unidos
y Brasil formaran un equipo coordinado de control
satelital disponible para países con pocos recursos y ricos en bosques.
El pago por deforestación evitada debería
reducir emisiones netas alentando un cambio en
las pautas internacionales y adoptando una tarifa
de emisión para países con poca o ninguna
deforestación histórica, según la investigación
"No Forest Left Behind" (Ningún bosque rezagado),
publicada por Conservación Internacional el 14 de
agosto en la revista Public Library of Science Biology.
Los países con muchos bosques y deforestación
relativamente baja son Belice, Bután, Colombia,
República Democrática del Congo, Gabón, Guyana,
Guayana Francesa, Panamá, Perú, Suriname y
Zambia. Habitados en su mayoría por pueblos
indígenas, ingresarían al comercio de carbono
mediante "créditos preventivos" o recompensas que
perderían si aumentara la pérdida boscosa.
Para que el sistema funcione con equidad es
importante que participen las comunidades locales, según expertos.
"La deforestación evitada no es mala en sí,
pero los modos de concretarla son complejos y
están cargados de relaciones de poder
desiguales", explicó Helen Leake, del no
gubernamental Forest Peoples Programme.
* Este artículo es parte de una serie sobre
desarrollo sustentable producida en conjunto por
IPS (Inter Press Service) e IFEJ (siglas en
inglés de Federación Internacional de Periodistas
Ambientales). Publicado originalmente el 29 de
septiembre por la red latinoamericana de diarios de Tierramérica.
(FIN/2007)
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