MIGRACIONES-EEUU: Jóvenes infractores no tienen otra oportunidad
Por
Ngoc Nguyen*
SAN FRANCISCO, may (IPS) - La fiesta de graduación
de Kew Chea también tuvo el objetivo de celebrar
la liberación de su hermano mayor. Pero ese fue
sólo el comienzo de una larga historia de frustraciones.
"Dos meses antes de la fiesta y de la
liberación de mi hermano, nos dimos cuenta de que
lo iban a deportar. Mi familia no tenía idea de
qué quería decir eso", recordó Chea, ahora abogada.
Su familia huyó de Camboya después de la
guerra de Vietnam y del fin del régimen genocida
del Jemer Rojo (1975-1979). Cuando se refugiaron
en Estados Unidos en 1981, Chea no había cumplido
un año y su hermano tenía cuatro.
Mientras los legisladores de este país
discuten el último proyecto sobre inmigración, la
llamada ley Strive, defensores de inmigrantes
analizan sus consecuencias en las políticas de reunificación familiar.
Las normas promulgadas en 1996, por las que
miles de personas de Asia sudoriental quedaron en
situación de deportación inminente, no se
mencionan en el actual proyecto a estudio del Congreso legislativo.
La historia del hermano de Chea es como la de
tantos niños y niñas hijos de refugiados que
tratan de adaptarse a la vida en un nuevo país.
Sus padres abrieron un pequeño supermercado
en el que trabajaban todo el día y no les quedaba
mucho tiempo para cuidar a sus hijos. El hermano
de Chea se vinculó con otros jóvenes y terminó
metido en problemas. Cuando tenía 18 años, fue
detenido con cuatro amigos por un delito que cometieron siendo menores.
El joven fue mal asesorado y procesado como
adulto. Mientras sus amigos fueron sentenciados
de dos a tres años por la Autoridad Juvenil de
California, él recibió una sentencia triple en la penitenciaría del estado.
La familia creyó que una vez cumplida la
pena, el joven podría retornar a su hogar. Pero
en 1996 se promulgaron nuevas leyes de
inmigración según las cuales los extranjeros
condenados por "delitos especialmente agravados" podían ser deportados.
"Mi hermano tenía permiso de residencia y
éramos refugiados políticos de un país que
perseguía a sus ciudadanos y que Estados Unidos
reconocía como tal. Fuimos recibidos en el marco
del programa de reubicación y era impensable para
nosotros que nos devolvieran a ese mismo país del
que sabían estábamos escapando ", señaló Chea
Antes, los residentes permanentes acusados de
un delito que corrían riesgo de ser deportados
tenían derecho a una audiencia ante un juez.
En 1990 se creó el delito especialmente
agravado y, según la ley, quien fuera imputado
con esa tipificación y ya hubiera pasado cinco
años en prisión no tendría derecho a una audiencia.
"La ley de 1996 disminuyó aún más los años de
prisión para perder ese derecho", según Joren
Lyons, abogado del Asian Law Caucus, organización
dedicada a asesora inmigrantes asiáticos.
"Si robo una computadora me condenan por un
delito menor a un año de prisión en suspenso.
Debo permanecer 30 días en la cárcel y quedo en
libertad. Desde el punto de vista penal sólo
estuve preso 30 días, pero para inmigración, pasé
a ser un delincuente con agravantes", explicó Lyons.
En ese caso, continúa Lyons, el juez no tiene
por qué considerar circunstancias atenuantes.
"No importa cuánto tiempo hace que vivo aquí,
ni si estoy casado con una estadounidense y tengo
hijos, ni si cuento con un buen historial laboral
o no tengo antecedentes penales. No importa nada", prosiguió.
"Lo único que puedo discutir con el juez de
inmigración es qué posibilidades tengo de ser
perjudicado en el país al que seré deportado.
Puedo decirle que lo siento, pedir disculpas al
dueño de la computadora o pagarla, pero nada de eso cuenta", insistió.
Además, la ley se aplica con retroactividad y
toma en cuenta las sentencias previas a 1996,
aunque hayan sido cumplidas en su totalidad.
Chea relató cómo funcionarios de inmigración
agarraron a su hermano tras su liberación y lo
enviaron al meridional estado de Arizona, a pesar
de que había otros centros de detención más cercanos.
"Durante tres años nos dijeron que el mes
próximo lo deportaban, y así pasaron 36 meses.
Día a día, mi hermano perdía las esperanzas y
pensaba que iba a pasar el resto de su vida en la cárcel", añadió.
Chea también relató cómo el sistema lo
"perdió" y los padecimientos que tuvo que pasar.
No sabían quién era, lo confundieron dos veces,
lo enviaron de una prisión de Los Angeles a otra
del oriental estado Carolina del Norte, y luego a
una del meridional estado de Texas porque lo iban
a deportar a Camboya en un par de días.
"Lo prepararon, y dos horas antes del vuelo
lo despertaron en medio de la noche, la víspera
del Día de Acción de Gracias, para decirle:
'Perdón, nos equivocamos de persona', y eso a
tres estados de distancia", contó Chea.
En 2001, la Corte Suprema dictaminó que un
extranjero que iba a ser deportado no podía
permanecer más de 180 días en prisión si su país de origen no lo aceptaba.
Al respecto, Lyons subrayó que el proyecto
Strive tiene una disposición que habilita a la detención indefinida.
"El proyecto autorizaría al Departamento
(Ministerio) de Seguridad Interna a mantener
personas en prisión por tiempo indeterminado bajo
ciertas circunstancias. Lo terrible es que se
trata de personas que cumplieron su condena, pero
permanecen detenidas durante años por disputas
políticas entre su país de nacimiento o
ciudadanía y Estados Unidos", sostuvo Lyons.
Cuando el hermano de Chea firmó su orden de
deportación, Estados Unidos y Camboya no tenían
ningún acuerdo al respecto. Pero en 2002, varios
meses después, ambos países firmaron un tratado.
En la actualidad, 1400 ciudadanos de ambas
nacionalidades tenían orden de deportación. Ya
fueron deportadas 126 personas, incluido el hermano de Chea, en agosto de 2004.
Chea, quien visitó a su hermano dos veces en
Camboya, señaló que la ley afecta a los
repatriados, pero también a sus hijos, cónyuges y
padres en Estados Unidos, quienes deben contribuir con su sustento.
"Algunos pocos consiguen trabajo, en especial
los que tienen un título. Es un país muy duro.
Muchos son estigmatizados porque Estados Unidos
los deportó. Nadie los quiere", señaló Chea.
Defensores de inmigrantes quieren que se
restaure el debido proceso en ese tipo de casos y
se permita el reingreso de los que ya deportados.
Como abogada, Chea sigue confiando en el sistema
legal, pese a lo que sufrió con su hermano.
"Ningún juez le dio audiencia, nadie escuchó
cuál era su situación. No pensaron que tenía
cuatro años cuando llegó aquí, que no hablaba
camboyano ni sabía nada de ese país", sostuvo Chea.
"Aparte de su apariencia y de haber nacido en
Camboya, no era camboyano, era estadounidense,
era la única cultura que conocía. Criamos un niño
estadounidense y lo devolvimos", añadió.
* Esta es la primera parte de dos artículos sobre
las consecuencias de las políticas
estadounidenses de deportación en la comunidad de
inmigrantes de Asia sudoriental. (FIN/2007) Envíe sus comentarios al editor |