BIODIVERSIDAD Curitiba decepciona a ambientalistas e indígenas Por Mario OsavaCURITIBA, Brasil, 31 mar (IPS) - Decepción es lo
que se llevan ambientalistas e indígenas de la
octava Conferencia de las Partes del Convenio
sobre la Diversidad Biológica (COP-8) que debe
finalizar este viernes en Curitiba, Brasil, por
ausencia de decisiones reales y de participación en negociaciones cruciales.
La conferencia fue "un fracaso", según la
ecologista Greenpeace Internacional. El Convenio
es "un barco a la deriva", que no definió formas
de financiar el cumplimiento de su meta: reducir
drásticamente la pérdida de diversidad biológica
antes de 2010, criticó el alemán Martin Kaiser,
experto en políticas forestales de la organización.
"Seguiremos luchando por una participación
plena en las negociaciones de acceso a los
recursos genéticos y reparto de beneficios",
afirmó Viviana Figueroa, del pueblo omaguaca, del
noroeste de Argentina, una de las portavoces del
Foro Internacional Indígena sobre Biodiversidad
(FIIB) que promueve la presencia de ese sector en
las conferencias del Convenio.
Hasta ahora se negó la participación de los
indígenas en esa cuestión que los afecta
directamente e incluso "hubo retroceso" en otros
puntos, debilitando la voz aborigen en las
discusiones sobre sistemas de protección de los
conocimientos y prácticas tradicionales, acusó Lourdes Amos, de Filipinas.
"La soberanía estatal sobre los recursos
naturales no es absoluta", afirma la Declaración
de Clausura de la FIIB dirigida a la sesión
plenaria final de la COP-8. Esa soberanía de los
Estados es el principio en que se basan muchos
gobiernos para rechazar la presencia indígena y
de comunidades locales en las negociaciones sobre
acceso y reparto de beneficios.
"Ningún principio es absoluto, si los Estados
se exceden en su soberanía permitiendo la
sobreexplotación de los recursos naturales, ponen
en riesgo nuestra existencia y la vida en todo el
mundo", explicó Figueroa a IPS. "Hay límites, por
nuestros derechos humanos fundamentales a la
existencia e identidad", que exigen "árboles, oxígeno, naturaleza", acotó.
El FIIB y Greenpeace fueron voces aisladas a
la hora del balance no gubernamental de la COP-8,
ante la desmovilización de los demás actores,
reflejando la frustración y la excesiva duración
del encuentro de dos semanas. Pero centenares de
activistas de la Vía Campesina, red mundial de
movimientos rurales, siguieron protestando
diariamente contra los transgénicos y la
Organización Mundial del Comercio (OMC).
El Fondo para el Medio Ambiente Mundial (GEF
en siglas inglesas), la mayor fuente de
financiamiento administrada por el Banco Mundial,
solo dispone de 3.000 millones de dólares para
los próximos cuatro años, pero se necesitan
25.000 millones de dólares al año para implantar
las áreas de protección exigidas por las metas
del Convenio para 2010, según Greenpeace.
No hay perspectivas de incrementar el
presupuesto del GEF, se lucha por no reducirlo
ante las amenazas estadounidenses de recortar a
la mitad su aporte, que es el mayor y equivale a
20 por ciento del total. Otros países ricos
tampoco se disponen a ampliar sus contribuciones.
"La Unión Europea se omitió", lamentó Kaiser.
Las fuentes alternativas son la asistencia
bilateral al desarrollo, y se habla de un nuevo
fondo internacional para la biodiversidad, con
fuentes como la llamada "tasa Tobin" a las
transacciones financieras transnacionales e
impuestos sobre el comercio de armas y los
pasajes aéreos, pero son cuestiones a discutir en
los próximos cuatro o seis años, dijo Kaiser a IPS.
El problema es que la falta de acciones
adecuadas da tiempo a la industria de la
biotecnología para seguir "patentando seres
vivos" bajo las reglas de la OMC y practicando la biopiratería, acotó.
Las resoluciones de esta COP-8 fueron "más
débiles" que las de la anterior, en Kuala Lumpur
hace dos años, evaluó Paulo Adario, coordinador
de la campaña amazónica de Greenpeace en Brasil.
El gobierno brasileño, anfitrión que logró
avances en la protección de sus bosques, podría
"hablar como onça"(el leopardo brasileño) y
jugarse por grandes decisiones, pero fue tímido, lamentó.
Greenpeace agitó la conferencia,
distribuyendo a diario los premios "Bola murcha"
(bolas tristes) desde el viernes 24. Australia,
la Organización para la Cooperación y el
Desarrollo Económico (de los países
industriales), la Unión Europea y Corea del Sur
fueron premiados por defender las semillas
Terminator (estériles), obstruir negociaciones o
asumir posiciones anti-ecológicas.
Pero el premio global de la conferencia fue
para los tres "títeres", Australia, Canadá y
Nueva Zelanda, acusadas de vocear los intereses
de Estados Unidos, que no es parte del Convenio.
Jóvenes activistas de Greenpeace también
instalaron en el salón de entrada de la Expo
Trade, sede de la COP-8, un reloj de arena lleno
de papeles para protestar contra la lentitud del
proceso para aplicar el Convenio, que ya tiene 14 años de vida.
Al parecer será necesario mucho tiempo para
que los gobiernos reconozcan los derechos
indígenas y la necesidad de su plena
participación en todas las instancias de la
Convenio, sostuvo Donna House, indígena navajo de Estados Unidos.
La capacitación de los pueblos indígenas es
indispensable para conservar la biodiversidad e
impulsar en proyectos como la Iniciativa Global
de Taxonomía, que pretende describir todas las
especies conocidas hasta la fecha, observó
Timothy Korianet, del pueblo karamojong, de Uganda.
(FIN/2006) Envíe sus comentarios | © Reproducir este artículo
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