TRABAJO-ARGENTINA: Tragedia motiva acción contra esclavitud Por Marcela ValenteBUENOS AIRES, 31 mar (IPS) - Las denuncias se
acumulan en el gobierno de la capital argentina y
en la justicia. Pero sólo tras la muerte de seis
personas las autoridades anunciaron medidas
contra una red de talleres textiles clandestinos
que esclavizan a inmigrantes indocumentados.
Un incendio desatado en la víspera en uno de
esos talleres, ubicado en una zona residencial
del centro geográfico de Buenos Aires, mató a dos
mujeres, a dos niños de tres años, a otro de 10 y
a un adolescente de 15 años, todos ellos de nacionalidad boliviana.
La existencia de una extensa red de talleres
de producción textil y de calzado que operan de
modo clandestino con mano de obra en situación de
esclavitud sale a la luz periódicamente en
Argentina. En 2005, bolivianos que lograron
escapar de una fábrica, donde trabajaban 18 horas
por día, denunciaron la situación ante la
Defensoría del Pueblo de la Ciudad de Buenos Aires.
La asociación que reúne a los trabajadores
costureros asegura que son cerca de 400 los talleres de estas características.
Inspectores y policías son sobornados para
que les permitan operar en esas condiciones,
aseguró Gustavo Vera, presidente de la
Cooperativa La Alameda que funciona en el Bajo
Flores, un barrio populoso en el oeste de Buenos
Aires y donde 60 por ciento de los vecinos más pobres son bolivianos.
Vera añadió que, cuando los trabajadores
escapan y van a la sede policial a hacer la
denuncia, allí los rechazan por carecer de los
documentos requeridos para residir en el país.
El grupo que logró hacer la denuncia dio
elementos como para que la Defensoría realizara
luego un informe en el cual se detalla la
existencia de al menos 120 talleres de este tipo
en la capital, con unas 120.000 personas sometidas a esclavitud.
La mayoría de estos trabajadores y
trabajadoras proceden de Bolivia, aunque también
hay argentinos, paraguayos y peruanos, dijo a IPS
la defensora Alicia Pierini, a cargo de la investigación.
El cónsul boliviano en Buenos Aires, Álvaro
González Quint, comentó el jueves que en la
mañana de la tragedia había estado reunido con el
Defensor del Pueblo de la Nación, Eduardo
Mondino, para acelerar medidas que permitan
desbaratar esta red que mantiene prácticamente
secuestrados a sus connacionales.
"¿Cómo es posible que en una zona residencial
haya un taller habilitado que opera en estas
condiciones?", se preguntó desolado el
diplomático junto al edificio siniestrado del
barrio de Caballito, cuyo techo se desplomó en el
incendio dejando atrapadas a las víctimas en medio del fuego.
Pierini sostuvo que la Defensoría avanzó para
mostrar la existencia de un sistema de economía
ilegal que esclaviza a sectores vulnerables, en
este caso extranjeros captados con engaños en sus
países de origen y transportados solos o con sus
familias con la promesa de recibir vivienda,
alimentación y empleo en Buenos Aires.
La funcionaria admitió que "falta voluntad
política" para erradicar este flagelo, que se
extiende por distintos barrios de la ciudad y por
localidades metropolitanas ya en jurisdicción de
la vecina provincia de Buenos Aires. Los
empleados esclavizados trabajan entre 12 y 18
horas diarias, viven en el mismo lugar que
producen y tienen prácticamente prohibida la salida.
La paga es ínfima y suelen acumularse deudas
en su favor que nunca se pagan, según contó a IPS
José Orellana, uno de los bolivianos que logró
escapar de ese sistema con su esposa y sus tres
niños para realizar la denuncia que patrocinó la
Defensoría. En la misma causa hay testimonios que
revelan la sujeción a servidumbre de los operarios y operarias.
Esos extranjeros permanecían hacinados,
debían compartir un baño entre 20 personas y no
tenían más que un día franco en el que el patrón
los obligaba a permanecer en el taller, donde se
realizaban fiestas en las que abundaba el
alcohol. Las instalaciones eléctricas eran
precarias. "Había cables por todos lados", contó Orellana.
En octubre de 2005, la denuncia recayó en un
juzgado federal que detuvo al empleador de
Orellana, también de nacionalidad boliviana. Pero
luego de 15 días, lo dejó en libertad por "falta
de mérito". Finalmente, ese magistrado se declaró
incompetente y la causa sigue esperando un colega que se ocupe.
No obstante esta evidente desidia, el
gobierno de la ciudad pareció sorprendido y hasta
indignado por la tragedia del jueves, a la que
responsabilizó a redes mafiosas de trabajo
esclavo y exhortó a los vecinos a denunciar estos talleres.
El jefe de gobierno de la Ciudad de Buenos
Aires, Jorge Telerman, admitió que la fábrica,
dirigida por dos argentinos, estaba habilitada
por la comuna desde 2001 como taller de bordado.
Pero aseguró que allí "había prácticas siniestras
de sujeción a esclavitud" y puso en marcha una
línea de teléfono gratuito para que los vecinos "hagan denuncias".
Telerman asumió el 13 de marzo en reemplazo
Aníbal Ibarra, quien fue sometido a juicio
político y destituido por el cargo de mal
desempeño de funciones, a raíz del incendio que a
fines de 2004 destruyó la discoteca República
Cromañón y mató a 194 asistentes a un recital de Rock.
La Legislatura (parlamento de la ciudad)
consideró probado que en esa tragedia hubo
responsabilidad gubernamental en el área de
control. La justicia también investiga a los
encargados del lugar, y a agentes de la policía
que permitían que el local opere en condiciones inseguras.
La reacción del flamante ministro de la
Producción de la Ciudad, Enrique Rodríguez, no se
hizo esperar: desplazó al director general de
Protección del Trabajo, Florencio Varela, quien
había asumido el cargo hacia sólo dos días, y
ordenó intervenir el área para indagar si son
ciertas las denuncias de sobornos.
Rodríguez señaló que este distrito "existe la
llamada 'cama caliente', donde los niños viven
con sus madres en el mismo lugar donde trabajan".
"Esto ya no es trabajo en negro (ilegal, sin
aportes a la seguridad social) sino trabajo esclavo", definió.
Luego admitió "fallas en los controles" y
prometió que este mismo viernes comenzaría a
entrevistar a los representantes de la comunidad
para "una acción de rastreo". En verdad, esos
datos ya constan en la defensoría, y en la justicia.
Vecinos y empleados del taller que
sobrevivieron al incendio aseguraron que la
policía visitaba frecuentemente el depósito y
exigía sobornos para abstenerse de denunciar la
condición de indocumentados de los extranjeros.
Algunos señalaron también a los inspectores
laborales como receptores de dádivas.
Vera dijo a la emisora de radio local Mitre
que esta modalidad de empleo esclavo sucede por
lo menos desde 2003. Captan trabajadores con
avisos publicados en diarios de Bolivia y los
hacen firmar contratos leoninos a favor de los
empresarios. También existen firmas
transportistas sobornadas para que los hagan
ingresar a Argentina como en calidad de turistas.
Una vez en estos talleres argentinos, los
inmigrantes indocumentados trabajan para empresas
mayoristas textiles así como para conocidas
marcas de ropa. Algunas de esas prendas tienen un
valor de mercado de unos 200 dólares, pero a
quienes la confeccionan les pagan sólo el
equivalente de unos 50 centavos de dólar, apuntó.
También aseguró Vera que en la fábrica
incendiada el jueves trabajaban 25 bolivianos con
sus familias, que hacían pantalones vaqueros a 80
centavos argentinos (casi 30 centavos de dólar) por prenda.
El activista recordó que la cooperativa que
preside entregó a la Defensoría prácticamente una
radiografía de todos los talleres que hay, dónde
están, con cuántas máquinas operan, qué planes de
fuga tienen por si los allanan, y otros detalles.
Así que "el gobierno lo sabe", añadió, para luego
sostener que "los únicos que hacen algo son los
(funcionarios) de la Defensoría".
Ante la denuncia de sobornos, el ministro del
Interior de Argentina, Aníbal Fernández, ordenó
de inmediato a la jefatura de la Policía Federal
que presente una denuncia penal contra la
comisaría encargada de visitar el local para deslindar resonsablidades.
Otros vecinos se quejaron de tener que ser
ellos quienes denuncien lo que resulta evidente.
"Hay otros dos talleres en esta misma cuadra y
otro a la vuelta", comentó una vecina ante las
cámaras de televisión que transmitían los sucesos
en torno a la tragedia. ((FIN/2006) Envíe sus comentarios al editor |