MUJERES-CHILE: Derechos sexuales y reproductivos ya Por María Cecilia EspinosaSANTIAGO, mar (IPS) - El Primer Informe Anual del
Observatorio de Equidad de Género en Salud
elaborado en Chile reclama legislar sobre los
derechos sexuales y reproductivos de la población
femenina, reponer el aborto terapéutico y
entregar anticonceptivos de emergencia a todas las mujeres.
El informe no solo "es un largo trabajo,
precedido por la creación de un perfil de salud
desde la perspectiva de género en Chile", sino
también refleja un avance "sobre la desigualdad
e invisibilidad que había sobre la diferenciación
de la salud de mujeres y hombres", ", dijo a IPS
la investigadora Margarita Iglesias, del Centro
de Estudios de Género y Cultura de América Latina.
Con el fin de mejorar las políticas,
programas y planes de salud en Chile, el
Observatorio analizó aspectos como participación
ciudadana, trabajo de cuidado no remunerado en
salud, problemática de salud y trabajo, violencia
de género y salud sexual y reproductiva, constatando avances y retrocesos.
El estudio realizado por entidades civiles
con el respaldo de la Organización Panamericana
de la Salud (OPS), fue presentado el 2 de este
mes por el representante en Chile de esa entidad,
Juan Manuel Sotelo, la ministra del Servicio
Nacional de la Mujer, Cecilia Pérez, y la
viceministra de Salud, Cecilia Villavicencio.
El informe "expresa la factibilidad de la
vigilancia ciudadana no confrontacional, sino
consistente y en diálogo con la
institucionalidad, lo que permite ir mejorando
las políticas públicas con participación e
incidencia de la sociedad civil", dijo a IPS
María Isabel Matamala, coordinadora del proyecto
Género, Equidad y Reforma de Salud de OPS-OMS
(Organización Mundial de la Salud).
"La salud sexual y reproductiva es uno de los
espacios más complejos y polémicos en la agenda
de género entre el Estado y la sociedad civil", sostuvo Pérez.
"Las presiones conservadoras impactan sobre
las mujeres más pobres que no pueden acceder a lo
que las ricas sí", agregó, en alusión a la
prohibición del aborto terapéutico en Chile desde
fines de la dictadura de Augusto Pinochet
(1973-1990) y a las restricciones del Ministerio
de Salud en la entrega de anticonceptivos de emergencia.
El informe aborda la salud sexual y
reproductiva desde los derechos humanos,
"incorpora a mujeres y hombres de todas las
edades, reconoce la responsabilidad compartida en
la reproducción, respeta el derecho a la
autonomía y a la integridad corporal e integra la
sexualidad, como un aspecto que puede ser tratado
de forma independiente de la reproducción".
La génesis de esta perspectiva se remonta a
la Conferencia Internacional de Derechos Humanos
en Teherán (1968) que estableció que "los padres
tienen el derecho humano fundamental de
determinar libremente el número de sus hijos y
los intervalos entre los nacimientos".
Desde entonces, diversos convenios
internacionales han resguardado la salud sexual y
reproductiva como parte de los derechos humanos,
consagrándolos definitivamente en la Conferencia
Internacional de Población y Desarrollo (El
Cairo, 1994) y en la Cuarta Conferencia Mundial sobre la Mujer (Beijing, 1995).
Estas instancias no son jurídicamente
obligatorias para el Estado chileno. Sí lo son la
Convención sobre la Eliminación de Todas las
Formas de Discriminación contra la Mujer (1979),
la Convención sobre los Derechos del Niño (1989),
el Pacto Internacional de Derechos Económicos,
Sociales y Culturales y el Pacto Internacional de
Derechos Civiles y Políticos (1966), que este
país no ha respetado por completo.
Uno de los principales retrocesos es el
estancamiento del proyecto de ley marco sobre
derechos sexuales y reproductivos, presentado al parlamento en 2000.
En un segundo intento, cuatro años más tarde,
el proyecto de ley de reforma a la Constitución
pretendió establecer una nueva garantía
constitucional en materia de derechos sexuales
reproductivos, pero esta iniciativa aún se
encuentra en el primer trámite en la Cámara de Diputados.
Tampoco se ha avanzado en la reposición del
aborto terapéutico en el Código Sanitario, del
que fue retirado en 1989, pese a que diversas
encuestas indican un apoyo de más de 65 por
ciento de la población a una ley que lo autorice
cuando esté en riesgo la vida de la madre o
cuando el feto tenga una malformación severa que lo hace inviable.
Chile es uno de los pocos países que penaliza
el aborto aun en circunstancias extremas como
éstas, lo que contraviene los acuerdos
internacionales del Comité de Derechos Humanos y
el Comité para la Eliminación de la
Discriminación Contra la Mujer (1999) y del
Comité de Derechos Económicos, Sociales y
Culturales (2004), que han exigido al Estado
chileno revisar la ley para permitir el aborto terapéutico.
El Observatorio evidenció un avance
"altamente limitado" con relación a la
anticoncepción de emergencia, toda vez que desde
marzo de 2004 el Ministerio de Salud dispuso su
entrega gratuita en los servicios públicos solo a
mujeres víctimas de violación.
A fines de 2005, la Corte Suprema de Justicia
autorizó la comercialización de Postinor II o
"píldora del día después", que se vende en
algunas farmacias con receta retenida.
Marcela Ferrer, socióloga del Instituto de
Asuntos Públicos de la Universidad de Chile, dijo
a IPS que "al gobierno (saliente del presidente
Ricardo Lagos) le faltó pantalones para reponer
el aborto terapéutico y no ceder a la
autocensura" en este país con gran peso de la Iglesia Católica.
"Hay un porcentaje de católicos, sobre todo
en la (cogobernante) Democracia Cristiana que se
oponen a la medida que contraría los principios
de la Iglesia, olvidándose que ellos son
funcionarios públicos del 100 por ciento de los
chilenos y no de los católicos", comentó.
Ferrer aseguró que la población chilena, en
su mayoría declarada católica, "aprueba el aborto
terapéutico como aprobaba el divorcio", porque
"es de una crueldad sin nombre obligar a una
mujer a tener un hijo que no quiere, sobre todo
en los casos de violación, incesto o en los casos
en que (la madre) se puede morir".
Según Ferrer, responsable del capítulo de
salud sexual y reproductiva en la presentación
del informe, el principal problema detectado por
el Observatorio es la falta de una ley de
derechos sexuales y reproductivos "que asegure,
cautele, proteja y garantice estos derechos para todos los chilenos".
Se trata de "una parte de la salud global de
las personas, así hay que entenderlo y tomar las
medidas necesarias para que se viva lo mejor posible".
Con relación al aborto terapéutico, Matamala
afirmó que "desde Naciones Unidas se busca
preservar los acuerdos en cada país para avanzar
conforme a la realidad de aquellos, puesto que
OPS no puede imponer un criterio".
El hecho de que no se contemple la
interrupción voluntaria del embarazo bajo ninguna
circunstancia "es un atentado a los derechos
humanos de los sectores más pobres de la sociedad
y de las niñas de 15 años hacia arriba", dijo la investigadora Iglesias.
"La evidencia del riesgo de mortandad en las
adolescentes mujeres por esta situación
posibilita su instalación (del aborto) no sólo
como tema valórico, también desde los aspectos
sanitarios y epidemiológicos, tanto de mujeres
que ya están en la vida reproductiva como de las futuras generaciones", dijo.
Se trata de "una deuda pendiente de la
democracia y sus nuevos desafíos, que
requiere movilización social". La sexualidad
"es una forma de ejercer poderes, y son
dispositivos de poderes los que han estado
operando para impedir un flujo mayor de energías
nuevas dentro de la sociedad", lo que es
importante reconocer ad portas del gobierno de
Michelle Bachelet, que asumirá el sábado 11 de este mes.
Ferrer espera que el Informe 2005 tenga "eco
en el próximo gobierno". Ahora que Bachelet "es
presidente, debe dejar de lado lo políticamente
correcto, ser progresista y no decepcionar a las
mujeres chilenas, porque ella tiene doble
condición: es médico, conoce el sistema y es mujer".
(FIN/2006) Envíe sus comentarios al editor |