Morsi y Mubarak son lo mismo para los trabajadores de Egipto Por Cam McGrathEL CAIRO, 24 ene (IPS) - Los trabajadores jugaron un papel protagónico en el levantamiento
popular que derrocó al régimen de Hosni Mubarak (1981-2011) en Egipto.
Al cumplirse dos años del inicio de la revolución, ese mismo sector se
enfrenta al nuevo gobierno por los aún negados derechos laborales.
En los últimos meses, miles de trabajadores se movilizaron en todo el
país exigiendo mejores salarios y mejores condiciones de trabajo, con
paralizaciones de diversos sectores de una economía que todavía se
recupera de la crisis de 2011.
El nuevo gobierno, liderado por los islamistas, prometió resolver
rápidamente y en forma equitativa las disputas laborales, pero
afronta grandes desafíos financieros.
La plataforma de la Hermandad Musulmana, movimiento conservador
musulmán que triunfó en las elecciones presidenciales de 2012,
siempre hizo énfasis en la justicia social. Sin embargo, ese grupo
otrora proscrito tiene un pobre historial en materia de derechos
laborales.
"Tuvimos una revolución, pero el único cambio fue pasar del Partido
Nacional Democrático (de Mubarak) a la Hermandad Musulmana", dijo a
IPS el activista laboral Kareem El-Beheiry. "La Hermandad nunca hizo
nada para el movimiento laboral, y nunca apoyó a los trabajadores o a
los sindicatos independientes".
El presidente Mohammad Morsi, exlíder de la Hermandad, afrontó varias
pruebas desde que asumió en junio pasado. Hubo más de 2.000 protestas
laborales en 2012, la mayoría en la segunda mitad del año, según un
estudio del Centro Egipcio para los Derechos Económicos y Sociales
(ECESR, por sus siglas en inglés).
"No podemos más que reconocer el claro fracaso de la administración
de Morsi para resolver esas protestas o al menos establecer un plan
de atención a las demandas. El gobierno continuó adoptando las mismas
viejas políticas, que solo agravaron el asunto", señala el informe.
El ministro de Trabajo, Khaled El-Azhary, prominente miembro de la
Hermandad, instó repetidamente a los trabajadores en huelga a que
regresaran a sus labores mientras el gobierno consideraba sus
demandas.
Subrayó que la frágil economía egipcia no podía darse el lujo de
perder más producción y debía apuntar a una recuperación.
Egipto se esfuerza por reducir el déficit en el presupuesto estatal y
en la balanza de pagos, mientras agota sus últimas reservas de
divisas.
El turismo, un sector clave para el ingreso de moneda extranjera, se
desplomó luego del levantamiento comenzado el 25 de enero de 2011,
mientras que las inversiones extranjeras se retrajeron y muchos
proyectos siguen en suspenso debido a la incertidumbre política y
económica.
Si bien el gobierno procuró evitar las confrontaciones con los
huelguistas, prometió mano dura contra aquellos que "obstruyan las
huellas de la producción".
En los meses siguientes a la asunción de Morsi, la policía
antidisturbios reprimió las protestas y arrestó a sus organizadores,
mientras que empleados públicos que participaron de actividades
sindicales fueron despedidos, transferidos o sancionados.
"Más de 200 empleados y trabajadores fueron despedidos en los
primeros tres meses de la administración de Morsi, y otros 100 fueron
sometidos a investigaciones tras ser arrestados en protestas
pacíficas", denuncia el informe del ECESR.
"Además, muchos empleados y trabajadores fueron agredidos físicamente
durante sus primeras protestas por parte de matones contratados por
sus empleadores y por empresarios", añade.
El gobierno de Morsi también tomó prestada la antigua táctica del
régimen de Mubarak de usar los medios de comunicación públicos para
calumniar a los movimientos de trabajadores e intimidar a sus
líderes, señaló a IPS la periodista sobre temas laborales Hadeer
Hassan.
"La Hermandad Musulmana ve a las huelgas como algo que socava la
economía y el gobierno de Morsi", indicó.
"En vez de atender las demandas de los trabajadores, intentó volcar a
la opinión pública contra estos usando a la prensa para presentarlos
como traidores y mafiosos", dijo.
Y cuando esto falla, las mismas "mentiras y falsas acusaciones de
sabotaje" son usadas en los tribunales.
Al menos una decena de trabajadores fueron condenados por una ley
aprobada por el gobierno militar de transición en marzo de 2011, que
penaliza toda huelga "que perturbe la economía". El presidente Morsi
no derogó la polémica norma ni anuló las sentencias, aunque tiene
poder para hacerlo.
Mientras, el gobierno elabora una nueva legislación que muchos
trabajadores temen restringirá la libertad de asociación y
reestablecerá el dominio del Estado sobre las actividades sindicales.
El primer borrador de la Ley de Libertad Sindical, destinada a
reemplazar las anticuadas y restrictivas normas de la era Mubarak,
consagraba el derecho a la huelga y reconocía legalmente a cientos de
sindicatos independientes que surgieron tras la revolución.
Pero el texto fue finalmente desechado en favor de un nuevo proyecto
elaborado por el ministro Khaled El-Azhary y otras figuras
prominentes de la Hermandad.
Esta versión propone duras penas para los huelguistas que afecten la
producción. También limita el pluralismo sindical, exigiendo a cada
empresa que designe a un solo sindicato para que represente a sus
trabajadores.
Este proyecto de ley complementaría a otros artículos
"antisindicales" en la nueva Constitución, aprobada el mes pasado en
un referendo que dividió a la población.
El artículo 52 consagra el derecho a formar sindicatos, pero otro
estipula que cada profesión puede tener solo una asociación de
trabajadores.
Este nuevo marco legal amenaza con eliminar a muchos de los más de
1.000 sindicatos independientes que existen en forma paralela a los
más grandes y controlados por el Estado.
Ese es el punto, según Hassan. "La Hermandad Musulmana solo quiere
sindicatos que pueda controlar", afirmó.
(FIIN/IPS/traen-rp/cmc/af mm lb ip if ab fe/13)(FIN/2013) Envíe sus comentarios | © Reproducir este artículo
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