Mujeres rurales de Perú pelean "donde la vida es muy triste" Por Mariela JaraLIMA, 11 oct (IPS) - Cuando sus cultivos se vieron cubiertos por una gruesa capa de granizo
de la noche a la mañana, Felícitas Quispe, de 43 años, movilizó a su
comunidad afincada a más de 3.500 metros de altura en el sur de Perú,
para evitar que el hambre se cobrara alguna vida.Han pasado dos años desde que las heladas de 2010 la dejaron a ella y a
decenas de familias sin maíz, papas ni habas para su alimentación, y sin
pastizales para los animales en el poblado de Chare, provincia de Canchis,
en el departamento andino de Cusco.
"No había comida, así que las mujeres con los líderes de la comunidad nos
fuimos hasta Defensa Civil y el Ministerio de Agricultura. Conseguimos
nuevas semillas que hasta ahora están produciendo nuestros alimentos y
continuamos realizando sahumerios con bosta quemada para despejar las
heladas", contó a IPS.
Quispe preside la Asociación Qamayoc que presta asistencia técnica en
sanidad animal, uso de plantas medicinales y viviendas saludables a mujeres
de las zonas altas de la provincia, donde "la vida es muy triste" por la
pobreza y hasta el agua escasea, describe.
"No queremos asistencialismo del gobierno, eso trae ociosidad. Queremos
equidad de género, capacitación a las mujeres, educación, salud y que los
hijos no se mueran por falta de atención, porque de las zonas altas hay que
caminar un día para llegar a un puesto de salud", relató.
Si bien Perú redujo en 76 por ciento la mortalidad en menores de cinco años,
la pobreza y desigualdad mantienen elevado el riesgo de niñas y niños de
zonas vulnerables a la variabilidad climática y a los desastres
meteorológicos.
Según el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia, niñas y niños
representarán el 65 por ciento de las personas más afectadas por los
desastres climáticos, que en los últimos 10 años ya perjudicaron a 64
millones de habitantes de América Latina y el Caribe.
La población surandina de Perú está en peligro. La región de Puno, a más de
4.000 metros sobre el nivel del mar, experimenta heladas que arruinaron
cultivos y mataron a infantes. En marzo de este año autoridades de salud
reportaron 31 muertes de niños y niñas por neumonía.
Ricardina Bedoya, habitante de 64 años de la comunidad de Arboleda en el
distrito puneño de Tiquillaca, da cuenta de esas situaciones.
Perdió sus cultivos de la campaña agrícola 2011-2012 cuando se desbordó la
laguna Umayo debido a lluvias intensas. Los pastos para sus animales se
pudrieron de raíz y se malograron las cosechas de papa, quinua, cebada y oca
(un tubérculo similar a la papa).
Sus terrenos quedaron bajo agua, no tuvo productos para llevar a los
mercados y se vio obligada a vender sus animales a bajo precio.
"No teníamos qué cocinar, los niños se enfermaron con tos convulsa,
bronconeumonía; muchos se morían antes de llegar a la posta (médica)", dijo
a IPS. "Es muy difícil, pero nosotras queremos que nuestras hijas aprendan a
sobreponerse a las inclemencias de la naturaleza para seguir con su vida,
con su alimentación, su educación".
Aunque su comunidad había adoptado medidas de prevención, fueron
insuficientes ante la magnitud de la inundación. Ahora se preparan para
gestionar apoyo estatal para la construcción de cobertizos para los animales
y siembra en nuevas zonas.
Los esfuerzos de Felícitas Quispe en Cusco y de Ricardina Bedoya en Puno son
muestra de las iniciativas de las mujeres que asumen un rol activo ante situaciones adversas que impone el
actual contexto de cambio climático.
Pese a ser las peor afectadas por inundaciones, heladas o sequías, las
mujeres y niñas son quienes asumen las responsabilidades de cuidado y
alimentación en familias y comunidades, según Castorina Villegas López,
coordinadora en Perú de Groots (siglas inglesas
de Organizaciones de Base Trabajando Juntas en Hermandad) una red
internacional de grupos femeninos de base dedicados a resolver problemas
comunitarios.
Este sábado 13 de octubre, Día Internacional para la Reducción de los Desastres
fue dedicado por las Naciones Unidas a "Mujeres y Niñas. La Fuerza
(in)visible de la Resiliencia", para poner de relieve la necesidad de que
ellas "ocupen un lugar de vanguardia" en la tarea de reducir los riesgos.
Las mujeres y las niñas "se organizan en base a sus capacidades y
habilidades y responden, por ejemplo, contribuyendo a la seguridad
alimentaria. Y lo hacen pese a la desigualdad de género que no ven la
sociedad, el gobierno ni los hombres", dijo a IPS Villegas López.
En observancia del Día Mundial de la Mujer Rural, el lunes 15 campesinas
peruanas organizadas presentarán su Agenda de Propuestas sobre cinco áreas
vinculadas al cambio climático.
IPS tuvo acceso a ese documento, suscrito por productoras rurales del sur
(Arequipa, Apurímac, Cusco y Puno) y del norte (Cajamarca, La Libertad,
Lambayeque y Piura), que exige a las autoridades locales, regionales y
nacionales que consideren el impacto diferenciado por género del
calentamiento global, y que apliquen políticas públicas para poner fin a la
situación de postergación en que se encuentran.
Las cinco áreas de propuestas son seguridad alimentaria, recursos naturales,
producción agrícola y comercialización, trabajo en la parcela y en la casa,
y condiciones de vida.
Las mujeres rurales piden que se fortalezca la infraestructura de riego,
construcción de reservorios de agua familiar y comunal, reforestación con
especies nativas, mejoramiento de las viviendas, acceso a tecnología
agroecológica y participación en espacios de decisión, entre otros puntos.
La población rural femenina es el grupo analfabeto más grande del país.
El analfabetismo alcanza entre ellas a 14,4 por ciento; solo 63,7 por ciento
reciben atención calificada del parto, y 19 por ciento de las adolescentes
estuvieron alguna vez embarazadas, según el Ministerio de la Mujer y
Poblaciones Vulnerables.
"Las mujeres tienen competencias que deben ser fortalecidas" y tienen
"propuestas concretas que están contenidas en su Agenda y que toca a las
autoridades tomar en cuenta", comentó Blanca Fernández, del feminista Centro
Flora Tristán.
El Plan Nacional de Igualdad de Género 2012-2017, aprobado en julio por el
gobierno, contempla entre sus ocho objetivos valorar el aporte de las
mujeres rurales en el manejo sostenible de los recursos naturales.
Para ello se propone que en cinco años se incremente en 30 por ciento la
proporción de mujeres que reciben capacitación y transferencia tecnológica y
se diseñe una gestión de riesgos y prevención de desastres con enfoque de
género.
Fernández cree que las metas son importantes, pero su cumplimiento depende
de la voluntad política. "Se requiere presupuesto" para "colocar a las
mujeres de las zonas rurales como prioridad", dijo. "De lo contrario, no
avanzaremos hacia el Perú diverso e intercultural que se pretende".(FIN/2012) Envíe sus comentarios | © Reproducir este artículo
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