Arquitectura cubana para tiempos climáticos adversos Por Patricia GroggLA HABANA, oct (IPS) - El principal desafío que impone el cambio climático a la arquitectura
aplicada a las viviendas y ciudades de Cuba apunta a que los propios
habitantes puedan adecuar sus hogares a las dificultades, señaló la
académica Dania González.Cuba arrastra un fuerte déficit habitacional, agravado por el impacto
de huracanes como Ike, Gustav y Paloma, que en 2008 dañaron 647.110
viviendas, de las cuales se derrumbaron 84.737, entre otros
perjuicios que el gobierno valoró en unos 10.000 millones de dólares.
La mayor intensidad de esos fenómenos naturales, prevista como efecto
directo del cambio climático, unida a la contracción progresiva de la
construcción de inmuebles desde 2007 y el avanzado deterioro de los
existentes, amenaza con empeorar la situación, cuya dimensión se
conocerá con los resultados del censo realizado en septiembre.
El censo anterior, realizado en 2002, registró 3.534.327 unidades de
alojamiento, con un promedio de tres personas por cada una, y reveló
que las casas en mal estado llegaban a 15 por ciento del total en las
ciudades y a casi 38 por ciento en zonas rurales.
Más allá de esas vulnerabilidades, cuya solución requiere fuertes
inversiones, el cambio climático expone a Cuba no solo a huracanes
más destructivos, sino también a mayores temperaturas, sequías
recurrentes o lluvias intensas. A la vez, la pronosticada elevación
del nivel medio del mar pone en peligro algunas zonas costeras.
"Se saben las amenazas y los retos, y lo que hay que hacer es crear
una arquitectura que logre transformarse y adaptarse", comentó
González, arquitecta y directora de posgrado del Instituto Superior
Politécnico José Antonio Echeverría (Cujae), de La Habana.
No existe una opción única. "En países como el nuestro, de escasos
recursos, hay que pensar en soluciones flexibles, transformables,
cambiables, adaptables; no hay otra alternativa que le permita a
usted vivir normalmente un ambiente natural y apropiado", dijo en
entrevista con IPS.
González indicó que los riesgos ante un huracán son diferentes según
la zona urbana de que se trate. En La Habana, por ejemplo, hay
barrios densamente poblados y con edificaciones antiguas, la mayoría
deterioradas, donde el peligro son las lluvias intensas, causantes de
inundaciones y derrumbes.
En otros sectores de la capital, con edificaciones más aisladas una
de otra, el peligro mayor son los vientos, que varían según la
categoría del huracán, pero que pueden alcanzar velocidades de entre
118 y 250 kilómetros por hora o más. En este caso, uno de los daños
más comunes es la pérdida de los techos de las casas.
Para enfrentar los riesgos, en ocasiones se construyen viviendas
totalmente cerradas, reforzadas para resistir vientos huracanados y
evitar que penetren al interior, convirtiéndolas casi en fortalezas
anticiclónicas, sobre todo en provincias por donde el paso de estos
fenómenos meteorológicos es más frecuente.
Pero estudiosos de la Cujae defienden la fórmula de cubiertas
ligeras, "bien puestas y bien diseñadas", además de medidas
adicionales cuando resulten necesarias. "Son asuntos que no se pueden
tratar de manera general, porque la solución depende del lugar, del
riesgo mayor en cada caso", indicó González.
En conjuntos residenciales abiertos, las viviendas tienen aleros,
ventanas y celosías en algunos casos.
Ante un ciclón, hay que ver cómo ese alero se puede desmontar y
cerrar como si fuera una sombrilla, cerrar las ventanas
herméticamente y, en las celosías, colocar un panel delante para
evitar la entrada del viento, explicó.
"Una arquitectura sustentable requiere flexibilidad y adaptabilidad,
lo cual significa que cuando llega un huracán ese alero se convierte
en un parabán (muro) que me protege", ejemplificó la académica. "El
nivel de riesgo depende de su contexto", dijo e insistió en que la
vivienda debe ser "vivible cotidianamente y además segura ante un
ciclón".
Para las condiciones del clima de Cuba, con altas temperaturas y
elevada humedad relativa todo el día y todo el año, se debe
garantizar una protección casi absoluta contra la radiación solar
directa y la lluvia.
A la vez, se debe favorecer la ventilación natural y aprovechar la
radiación difusa para la iluminación natural en los espacios
interiores.
Es un punto en el que González llamó a "beber" de las raíces cubanas,
"de lo mejor y más inteligente" de la arquitectura vernácula. Traer
ese pasado al presente y "reinterpretarlo y adaptarlo" a las
condiciones actuales es otro de los retos.
Pero se trata de "aprender del pasado", no de "volver" a él, aclaró.
"El primer principio de nuestra mejor arquitectura, con similitudes
en toda el área caribeña, es la protección contra la radiación
solar", sostuvo.
"Tiene que ser una arquitectura de sombra, preferiblemente sombra
verde, porque es la que absorbe calor. Se trata de proteger y a la
vez ventilar al máximo", añadió.
Muebles apropiados, como la tradicional mecedora en que la propia
persona, al sentarse, aumenta la ventilación natural de su entorno, y
elementos de cierre aislantes de la radiación solar cuando sea
necesario, fueron también mencionados por González entre los
principios que completan el confort en épocas de altas temperaturas.
"Frente al cambio climático, el mayor reto es lograr una arquitectura
hecha con inteligencia, que las propias personas sean capaces de
adecuar a las dificultades", insistió. Es un principio sustentable
"aprendido del mundo vivo, donde quienes carecen de poder de
adaptación perecen".
(FIN/2012) Envíe sus comentarios | © Reproducir este artículo
|