Venezuela aún no aclara denuncia de masacre al pueblo yanomami Por Humberto MárquezCARACAS, 1 sep (IPS) - Hasta 80 hombres, mujeres y niños yanomami de la comunidad Irotatheri,
en el extremo sur de Venezuela, habrían muerto baleados y quemados el 5
de julio, a manos de buscadores de oro provenientes de Brasil, según
denuncias de organizaciones de pueblos originarios.Si se confirma la agresión de los "garimpeiros" (como se llama en Brasil a
esos buscadores informales de oro) a la remota Irotatheri en el alto río
Ocamo, un afluente del Orinoco, quedarían patentes el abandono y la
vulnerabilidad de los indígenas y la desprotección de las fronteras y del
ambiente en esa zona de Venezuela.
"Aunque el número de víctimas en esta denuncia ofrece dudas, desde hace años
se conoce la actividad de garimpeiros en la zona y sus relaciones a veces
difíciles con comunidades yanomami", dijo a IPS
desde la capital regional, Puerto Ayacucho, el obispo católico José Ángel
Divassón, vicario apostólico del estado de Amazonas.
Ese estado, el saliente sur en el mapa de Venezuela, es un territorio de
175.750 kilómetros cuadrados en el que viven 15 etnias indígenas. Gran parte
lo cubren selvas vírgenes bañadas por aguas que van al Orinoco y al
Amazonas.
Se lo considera muy rico en minerales, aunque un decreto ambientalista
prohibió la minería en todo el estado desde 1989.
La asociación Horonami Organización Yanomami presentó
el 27 de agosto en la oficina de la Fiscalía General en Puerto Ayacucho la
solicitud de que se investigue la
masacre relatada por tres sobrevivientes de Irotatheri, con respaldo de
otras cuatro comunidades de la zona del Ocamo y la sierra Parima, que marca
parte de la frontera con Brasil.
Los sobrevivientes "habían salido de cacería y escucharon el ruido de un
helicóptero en el que llegaron los garimpeiros, y explosiones y disparos en
el 'shabono' (casa comunal circular, con techo de paja), que encontraron
quemado. Allí habitaban 80 personas", relató en la Fiscalía el dirigente de
Horonami, Luis Shatiwë.
Miembros de la comunidad Hokomawe, que iban de visita a Irotatheri, también
observaron el shabono quemado y cuerpos calcinados. El grupo informó a
Shatiwë y este a efectivos de la Brigada 52 del ejército, que actúa en la
zona, el 27 de julio, según Horonami.
Marcos de Oliveira, del Instituto Socioambiental de Brasil,
informó al diario caraqueño El Nacional que un sobreviviente de Irotatheri
llegó herido a un shabono del lado brasileño, donde recibió ayuda médica y
luego fue acogido por parientes en otra comunidad.
"Los garimpeiros, presionados por las autoridades en el norte de Brasil,
penetran en Venezuela y establecen relaciones con los yanomamis, para que
les presten apoyo a cambio de algunos bienes. Pero en ocasiones esta
colaboración se rompe", describió Divassón, de la congregación salesiana que
actúa como misionera en todo Amazonas.
Trece organizaciones indígenas de la región, de distintas etnias, se
solidarizaron con la denuncia de Horonami, pues las comunidades yanomami en
la zona del Ocamo "vienen siendo invadidas y agredidas por mineros ilegales
procedentes de Brasil (garimpeiros) desde hace más de cuatro años", según
asentaron en una declaración.
"Desde 2009 hemos informado a órganos del Estado venezolano sobre la
presencia de garimpeiros en el Alto Ocamo, sobre agresiones a las
comunidades Momoi y Hokomawe, víctimas de violencia física, amenazas, uso de
mujeres y contaminación del agua con mercurio, con saldo de varios yanomamis
muertos", dice el documento.
Los organismos del Estado, según los denunciantes, "no han tomado medidas
efectivas para desalojar a los garimpeiros y diseñar un plan de control y
vigilancia sobre su entrada cíclica en la zona".
Los grupos indígenas reclamaron "la adopción de medidas bilaterales con
Brasil" para encarar la amenaza "a la vida, integridad y salud" de los
yanomamis, y recordaron que la denunciada nueva incursión "se produce a casi
20 años de la masacre de Haximú".
En junio y julio de 1993, garimpeiros mataron a 16 yanomamis en la zona
fronteriza de Haximú. Cinco de los 24 involucrados fueron condenados a
prisión en Brasil, y el Estado venezolano acordó con la Comisión
Interamericana de Derechos Humanos, al cabo de un proceso que demoró 15
años, adoptar medidas de vigilancia, control, protección y salud en los
territorios yanomamis.
"Es indignante que esta situación se manifieste en pleno período
revolucionario, en la construcción de un socialismo, después que se le ha
dado rango constitucional, por primera vez en la historia, a los derechos de
los pueblos indígenas", comentó a IPS el directivo de la organización
indigenista Homo et Natura, Lusbi Portillo.
La organización Survival International, que promueve los derechos de los
pueblos tribales, también se hizo eco de la denuncia de Shatiwë y pidió al gobierno venezolano enviar "una señal de que
los indígenas no pueden ser asesinados con impunidad".
La ministra para los Pueblos Indígenas, Nicia Maldonado, de la etnia
amazónica ye'kuana, declaró que cinco días después de la denuncia de
Horonami aún no recibió nueva información sobre la masacre.
La Fiscalía General dispuso que una comisión investigue los hechos, y el
ministro de Interior y Justicia, Tarek El Aissami, dijo que se había
contactado a siete de nueve comunidades yanomami en el sur del Orinoco y que
no se hallaron rastros de violencia.
El general Henry Rangel, ministro de Defensa, dijo que "no se ha confirmado
la presunta masacre y pudiera tratarse de una confusión, tras un primer
anuncio de una situación de violencia que se había alertado semanas atrás y
fue desmentida".
"De ser falsa la presunta masacre, se tomarán acciones legales en contra de
quienes difundieron la información. La confirmación no se tendrá hasta la
próxima semana", agregó Rangel.
Conocedores del terreno, como los misioneros que actúan en la desembocadura
del Ocamo, confirman que llegar al área de Irotatheri requiere varios días
de marcha.
Al parecer, grupos de garimpeiros emplean helicópteros para alcanzar esas
zonas y estarían desarrollando mecanismos de explotación minera al abrigo de
árboles de gran altura, en vez de deforestar vastos espacios, para burlar
así la vigilancia aérea.
Esa zona de Venezuela, y las limítrofes de los estados brasileños de Roraima
y Amazonas, son habitadas por unos 20.000 yanomamis, quizá el pueblo más
antiguo de América del Sur, con unos 25.000 años de existencia y considerado
por varios estudios antropológicos un testimonio viviente de la humanidad primitiva. (FIN/2012) Envíe sus comentarios | © Reproducir este artículo
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