COLOMBIA "Lo que pase en tierra indígena afecta a la humanidad" Por Constanza VieiraBOGOTÁ, 3 ago (IPS) - La Corte Constitucional ordenó retirar instalaciones militares de
territorios jiw y nükak, en el sur de Colombia. Estos indígenas están
"en peligro de ser exterminados física y culturalmente a causa de la
guerra civil y de la falta de una adecuada y oportuna protección" del
Estado, según el tribunal. La agria reacción de los altos mandos castrenses y el enojo que
manifestaron por la desmilitarización que adelanta el pueblo nasa en
el sudoccidental departamento del Cauca llevaron a que la dirigencia
aborigen nacional acusara al gobierno de Juan Manuel Santos de lanzar
"una campaña de desprestigio y xenofobia" contra estos pueblos.
La "medida cautelar urgente", fechada el 25 de julio pero conocida
solo el jueves 2, beneficia a dos de las 34 etnias colombianas sobre
las cuales ya la Corte había ordenado al gobierno diseñar un plan de
salvaguarda para impedir su desaparición.
El pueblo jiw tiene unos 1.300 miembros, tres cuartas partes de los
cuales han sido empujados de su hogar, en la Amazonia, por la añeja
guerra interna. Mientras, apenas 500 son los nómades nükak, la última
cultura descubierta oficialmente en Colombia, en 1988.
Se calcula que 6,5 por ciento de los más de 5,2 millones de
desplazados forzados por este enfrentamiento son indígenas, según la
no gubernamental Consultoría para los Derechos Humanos y el
Desplazamiento (Codhes). La proporción de aborígenes no supera el 3,4
por ciento de los 46 millones de habitantes de Colombia.
Ahora, el ejército tiene plazo hasta febrero de 2013 para abandonar
seis hectáreas que ocupó dentro del perímetro de un resguardo indígena
jiw, forma de propiedad colectiva inembargable e intransferible a
perpetuidad.
En ese lugar del sureño departamento del Guaviare, la Escuela de
Fuerzas Especiales e Infantería de Marina mantiene 19 construcciones,
entre las que se cuentan una piscina, una torre de observación,
alojamientos, un tanque elevado y planta de acueducto, una escuela y
dos pistas de comandos.
En 1988, el Ministerio de Defensa fue autorizado a tomar para sí 250
hectáreas en la misma zona. La Corte considera "que (los militares)
pueden ocupar esa área, sin poner en riesgo esas comunidades
indígenas".
"La seguridad nacional no se verá comprometida con la reubicación de
ninguna de estas construcciones, pero su permanencia sí compromete la
existencia misma del pueblo indígena jiw, asentado en el resguardo de
Barrancón", sobre el río Guaviare, principal afluente colombiano del
Orinoco, consideró Luis Ernesto Vargas, magistrado de la Corte
Constitucional.
El comandante en jefe de las Fuerzas Militares, general Alejandro
Navas, reaccionó advirtiendo que habrá "pelea jurídica". Agregó que no
sabe a ciencia cierta "quiénes están detrás de esta demanda y a quién
beneficia".
Navas aseveró que la zona sería un corredor del narcotráfico,
"estratégico para el control territorial".
También el ministro de Defensa, Juan Carlos Pinzón, dijo que apelará
la orden de la Constitucional. "Las Fuerzas Militares no se van",
sentenció.
En realidad, no se sabe si hay alguien "detrás" de uno de los cambios
de jurisprudencia más importantes en Colombia, que busca que los
derechos dejen de estar solo en el papel.
En 2004, la Corte seleccionó, por iniciativa propia, un caso de una
tutela que fue replicada aquí y allá, hasta que resultó firmada
individualmente por más de 2.500 desplazados de todo el país.
En la sentencia resultante, la T-025, el alto tribunal declaró un
"estado de cosas inconstitucional" respecto de los derechos de los
desplazados forzadamente.
Desde entonces, apoyado por una comisión de seguimiento de la sociedad
civil, la Corte ha emitido varias decisiones, que también involucran a
indígenas desplazados.
La T-025 "es una constatación de la incompetencia de los gobiernos
para atender los derechos y para desarrollar políticas públicas en
función de esos derechos que el Estado reconoce", dijo a IPS el
director de Codhes, Marco Romero, impulsor de la comisión de
seguimiento.
Para la Corte, a los jiw y los nükak "les imponen frecuentemente
medidas de control territorial y poblacional, control de corredores de
movilidad", los obligan a trabajar en cultivos de drogas, les prohíben
cazar y pescar.
"Son reclutados forzosamente, amenazados y asesinados a manos de los
actores del conflicto, los colonos y grupos armados en general" y se
les prohíbe, incluso, desplazarse, subrayó la Corte.
En febrero de 2007 ocurrió un sangriento episodio: explotó una ojiva
que hirió en su resguardo a 16 jiw, incluyendo seis menores, entre
ellos un bebé de cinco meses.
Previamente, según el jesuita Banco de Datos de Derechos Humanos y
Violencia Política, la fuerza pública de seguridad logró que una
autoridad indígena "firmara un acta en la que cedía parte del terreno
para que el ejército hiciera allí su base ".
"Dicha unidad militar hace polígono terrestre y fluvial, antes hacían
entrenamiento aéreo disparando armas (y lanzando) bombas al río", se
agrega en el Banco de Datos. La zona está demarcada con señales y
letreros, "pero es que los indígenas ni leen ni escriben".
La orden de la Corte causó revuelo por coincidir con que el pueblo
nasa quiere ponerle fin a la guerra en sus territorios sacando "a
todos" los combatientes, sean guerrilleros izquierdistas, militares o
policía contrainsurgente.
De hecho, los nasa sacaron al ejército de una base, que fue recuperada
horas después dejando una veintena de indígenas heridos, detuvieron a
una unidad militar que mató a mansalva a un comunero, desmantelaron
campamentos guerrilleros y detuvieron y juzgaron a varios de ellos,
desmontaron las trincheras que la policía recuesta contra sus casas.
Buena parte de la prensa rechazó la desmilitarización que llevan
adelante los nasa. Un diálogo de alto nivel con el gobierno, por
ahora, fracasó.
Así, la Mesa Permanente de Concertación, creada en 1996 por el
Ejecutivo para dialogar con el liderazgo nacional indígena, acusó al
gobierno de instar "a la sociedad a tener comportamientos xenófobos y
discriminatorios".
"Lo más importante que necesitamos los indígenas es que se implementen
las órdenes dadas por la Corte Constitucional", señaló a IPS la líder
arhuaca Leonor Zalabata, comisionada de derechos humanos en la
Confederación Indígena Tayrona.
La cuestión es de fondo. "Los indígenas somos como los pájaros.
Cambiamos de plumaje, pero no cambiamos de canto", dijo, "nuestros
territorios son básicos para mantener la vida. Lo que pase en los
territorios indígenas afecta a la humanidad".(FIN/2012) Envíe sus comentarios | © Reproducir este artículo
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