Para ayudar a Afganistán, menos ayuda Análisis de Giuliano BattistonKABUL, jul (IPS) - Cuando se piensa en la asistencia a Afganistán, lo habitual es
concentrarse en la cantidad de dinero que ofrece la comunidad
internacional. Se supone que, cuanto mayor sea la suma y más duradero el
compromiso, menos riesgos habrá de desestabilización en este país.Es por eso que fueron tan celebrados los 16.000 millones de dólares
prometidos para los próximos cuatro años por parte de los donantes
reunidos en Tokio a comienzos de este mes.
Sin embargo, esa ayuda podría no ser tan virtuosa como aparenta.
El mensaje dado en Tokio de fuerte apoyo al desarrollo económico de
Afganistán buscó tranquilizar a todas las partes, preocupadas de que
los ingresos del Estado afgano no alcancen para cubrir las
necesidades.
La brecha de financiamiento, "según el Banco Mundial, probablemente
será de 25 por ciento del PIB (producto interno bruto) para el periodo
2021-2022 y podría ser más alta en años posteriores", escribió Thomas
Ruttig, codirector de la independiente Red de Análisis sobre
Afganistán (AAN, por sus siglas en inglés), con sede en Kabul.
En la conferencia de donantes realizada en diciembre pasado en la
occidental ciudad alemana de Bonn, el director de la oficina para
Medio Oriente y Asia Central del Fondo Monetario Internacional, Masood
Ahmad, estimó que "el repliegue de tropas extranjeras de Afganistán (a
partir de 2014) reducirá el crecimiento anual del PIB entre dos y tres
por ciento o más".
Además, "la sostentabilidad fiscal es un objetivo distante", alertó.
Esas evaluaciones alimentan la idea de que, cuantos más compromisos
financieros haya de la comunidad internacional, mejor le irá a
Afganistán.
Pero el analista Antonio Giustozzi, experto en Afganistán, dijo a IPS
que, por el contrario, una leve reducción de la ayuda extranjera
podría ser positiva, "porque llevaría al nivel de gasto más en línea
con lo que efectivamente puede ser absorbido por la sociedad afgana".
Incluso el Banco Mundial, en un informe divulgado en mayo, reconoció
que un nivel de ayuda más "normal" presentaría algunos riesgos, pero
también "oportunidades para que Afganistán haga una transición a una
economía más estable, autosuficiente y sostenible".
Giustozzi aseguró que la sociedad y el Estado afganos se han atado a
"una forma de patrocinio que crea dependencia y no estimula el
desarrollo".
La terapia ahora debe ser la desintoxicación gradual, afirmó, y el
nivel de ayuda debe "disminuir, aunque levemente".
Por su parte, el Banco Mundial señaló que "los donantes necesitan
reducir gradualmente los futuros flujos de ayuda para evitar grandes
trastornos".
En tanto, el gobierno afgano debe buscar formas de "gastar menos pero
mejor", afirmó Giustozzi. El presidente Hamid Karzai debería además
realizar reformas de gobierno y acabar con la corrupción, como
recomendó la conferencia de Tokio.
Pero eso no será fácil. "La corrupción no es solo un poco de arena en
la maquinaria, sino que es sistémica. La política está construida en
gran medida sobre un sistema de corrupción y clientelismo", afirmó.
Un cable diplomático de la embajada de Estados Unidos en Kabul,
filtrado en 2009, advertía que los llamados a llevar a la justicia a
altas figuras del gobierno afgano por corrupción "implicaban un serio
dilema".
De llevarse a cabo, "afectaría a algunos de los familiares y aliados
más cercanos de Karzai, y obligaría a procesar a algunas personas de
las que generalmente dependemos para la asistencia y el apoyo",
señalaba el cable.
De todas formas, los donantes en Tokio renovaron su exhortación al
gobierno afgano para que procure una mayor transparencia.
Algunos afganos señalan que la propia comunidad internacional está en
falta por subordinar la meta a largo plazo de la construcción del
Estado al interés cortoplacista de la supervivencia política del
gobierno de Karzai.
Aunque están nominalmente destinadas a la consolidación de las
instituciones, las herramientas de la asistencia internacional han
estado guiadas por consideraciones de corto plazo y conveniencia
política, y "han demostrado ser muy destructivas", sostuvo el
codirectora y cofundadora de la AAN, Martine van Bijlert.
Así lo escribió en la introducción del análisis "Snapshots of an
Intervention. The Unlearned Lessons of Afghanistan’s Decade of
Assistance, 2001-2011" (Instantáneas de una intervención. Las
lecciones no aprendidas de una década de asistencia a Afganistán,
2001-2011).
El plan "Hacia la autosuficiencia", promovido por la comunidad
internacional y apoyado por el gobierno afgano, se basa en la misma
contradicción: el llamado para que el Estado de Afganistán recupere su
soberanía y autonomía es hecho justamente por aquellos que lo
obstaculizan.
La presencia de ejércitos extranjeros "es uno de los principales
elementos que impiden que el Estado, el sistema político y la elite
gobernante ganen plena legitimidad", dijo Giustozzi a IPS.
"Cualquier gobierno que depende del apoyo externo para permanecer en
el poder carece de legitimidad", señaló.
(FIN/2012) Envíe sus comentarios | © Reproducir este artículo
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