Cambio climático y pobreza, nefasto cóctel para dominicanos Por Patricia Grogg, enviada especialSANTO DOMINGO, jun (IPS) - "Doña, la pobreza no tiene doliente". El hombre solo dice eso,
se niega a ser fotografiado y a dar su nombre. "Ojalá nos sacaran de
aquí para un lugar más seguro", completa su esposa, mirando el río
Ozama, que casi lame las puertas de la choza que los mal
alberga en la capital dominicana.Unos metros más allá, Josefa Moya es algo más locuaz. "Todo
esto se
inunda cuando llueve mucho y el agua demora como tres días
en salir de
las casas. Vivo sola y hago trabajo doméstico, no puedo ni
pensar en
irme de aquí", relata a IPS. Algunas vecinas que la rodean
con sus
hijos en brazos asienten con la mirada. Ellas tampoco tienen
otras
opciones.
La Ciénaga es uno de los tantos asentamientos que se
apretujan a
orillas del río Ozama, en Santo Domingo. José Sánchez, un
improvisado
guía que le abre el paso a IPS entre callejuelas y estrechos
pasajes,
indica que allí residen unas 8.000 familias.
"Cuando hay un ciclón o lluvias intensas, el río crece y a
la vez
arrastra basura de todo tipo. Yo creo que por eso se inunda
tanto este
barrio", comenta Sánchez.
Según sus cuentas, en los últimos cinco años la situación ha
empeorado. "Tras cada inundación dicen que nos van a
desalojar, pero
ya ve, aquí seguimos", agrega.
Según fuentes independientes, en las riberas de los ríos
Ozama e
Isabela, los dos principales de Santo Domingo, habitan unas
400.000
personas expuestas a eventos hidrometeorológicos que se
prevén más
intensos y devastadores que los registrados hasta ahora.
En entrevista con IPS, el ministro de Medio Ambiente y
Recursos
Naturales de República Dominicana, Ernesto Reyna, confirma
que uno de
los "retos fuertes" de su país en materia de adaptación al
cambio
climático apunta justamente hacia a ese sector empobrecido
de la
población, extremadamente vulnerable a eventos como ciclones
o lluvias
intensas.
Reyna comenta que estas familias se asientan en las cuencas
medias, en
las cuales por períodos largos de sequía ha habido una
disminución del
caudal de los ríos. "Ven ahí un área factible para levantar
su hogar e
inclusive tener alguna producción agrícola. Creen que no
habrá
inconveniente en establecerse en esos lugares", dice.
"Pero es así hasta que viene una tormenta, no necesariamente
un
huracán, sino un período de lluvias intensas que, asociadas
a la
deforestación o a malos manejos nuestros (en las cuencas),
producen
grandes escorrentías que en un tiempo mínimo y con fuerza
devastadora
acaban con todo lo que tengan a su paso", explica.
En 1998, el huracán George costó a República Dominicana la
muerte de
235 personas y perjuicios materiales estimados oficialmente
en unos
146 millones de dólares. En octubre de 2007, la tormenta
Noel dejó
pérdidas económicas por 439 millones de dólares (que
equivalían
entonces a 1,2 por ciento del producto interno bruto), 87
fallecidos y
42 desaparecidos.
Recuperarse de tales desastres es muy costoso, considera
Reyna. "La
desgracia de nuestros pueblos (de la región) es que cuando
se están
recuperando de una situación económica difícil viene un
huracán y nos
lleva nuestros ahorros. Entonces nunca podremos salir de
esta
situación de pobreza que tienen nuestras mayorías",
comenta.
Datos del Banco Mundial y del Banco Interamericano de
Desarrollo (BID)
indican que 43 de cada 100 dominicanos eran pobres y 16 eran
indigentes a fines de 2004. Esos indicadores bajaron seis
años después
a 34 y 10,4 por ciento respectivamente, según informes de la
Organización de las Naciones Unidas.
Los vaticinios sobre el impacto del cambio climático no son
para nada
halagüeños respecto de República Dominicana, con 9,5
millones de
habitantes y que comparte la isla La Española con Haití, el
país más
pobre de América Latina y el Caribe.
Según Reyna, su país podría perder alrededor de la quinta
parte de su
territorio debido al previsible aumento del nivel medio del
mar.
"Vivo aquí hace 17 años y sí puedo decir que en los últimos
cinco años
hemos tenido lluvias más intensas y, en consecuencia, más
crecidas del
río. Ya se sabe que la causa es el cambio climático",
comenta a IPS
la presidenta de la Junta de Vecinos de La Barquita de Los
Mina,
Eridania Rosario Marcelo.
La comunidad, ubicada también a orillas del río Ozama, ha
solicitado
en repetidas ocasiones que se drague el curso fluvial para
mantener
limpios los desagües y evitar que se desborde.
"Estamos cansados de pedirlo, pero no se nos escucha. Si
esta parte
del río se dragara para sacarle toda esa basura que
arrastra, el
peligro disminuiría", asegura.
Con el comienzo de la temporada ciclónica, que va de este
mes a
noviembre, los vecinos aumentan sus precauciones, vigilan
las aguas
del Ozama para prever si suben de nivel y recogen lonas para
hacer
"una casita" en la parte alta del puente como albergue de
emergencia
en caso de necesidad. "Vivimos en riesgo permanente",
comenta.
A su vez, el vicepresidente del Consejo Nacional para el
Cambio
Climático y el Mecanismo de Desarrollo Limpio, Omar Ramírez,
afirma a
IPS que "70 por ciento de las ciudades dominicanas se
encuentran a
orillas de un cauce fluvial (….). Hay una proliferación de
asentamientos urbanos en condiciones de extrema pobreza en
esas
áreas", admite.
En ese sentido, Ramírez considera clave el "mandato" para un
ordenamiento territorial acorde con las necesidades de
adaptación al
cambio climático plasmado en el artículo 194 de la
Constitución desde
2010.
El tema también forma parte del plan estratégico para
afrontar las
transformaciones climáticas.
"La planificación territorial es un asunto difícil y
complejo, pero no
imposible. Se puede construir mediante alianzas sociales",
asevera
Ramírez. El Consejo para el cambio climático fue creado en
septiembre
de 2008 con la misión de articular y coordinar a las
instituciones del
país para mitigar y adaptarse a los riesgos ambientales de
carácter
global.(FIN/2012) Envíe sus comentarios | © Reproducir este artículo
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