El
presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, afronta
la más dura prueba de su fortaleza política y de la
viabilidad de su proyecto izquierdista a dos años de
iniciado su gobierno. Las denuncias de compra de votos
parlamentarios y financiación ilícita de campañas electorales,
objeto de varias investigaciones oficiales, han sacudido
su proyecto renovador. Pero la imagen de Lula parece
resistir los golpes, según las encuestas, al contrario
de lo que sucede con su Partido de los Trabajadores,
cuyo poder electoral se debe en buena medida a un discurso
en defensa de la ética. Los gobiernos vecinos que se
definen "progresistas" comienzan a ver en Brasil ejemplos
no sólo de lo que se debe hacer, sino de lo que debe
evitarse. Lea más en IPS Noticias. |