Etnia nativa de Brasil busca supervivencia en créditos de carbono

El pueblo nativo paiter-suruí, en el corazón de la Amazonia brasileña, no tenía contacto con el mundo occidental apenas 45 años atrás. Hoy apuesta a los complejos mercados de carbono para garantizarse su supervivencia.

El jefe Almir Suruí (izquierda) en su aldea. Crédito: Divulgación Pueblo Paiter-Suruí
El jefe Almir Suruí (izquierda) en su aldea. Crédito: Divulgación Pueblo Paiter-Suruí
Habitantes del territorio Sete de Setembro, casi 250.000 hectáreas situadas entre los estados de Rondônia y Mato Grosso, cerca de la frontera con Bolivia, los paiter-suruí han vivido una historia vertiginosa en las últimas décadas.

Apenas tres años después de su primer contacto con el "hombre blanco" en 1969, casi llegan a la extinción: la población de 5.000 personas se redujo a solo 300 por la mortandad que causaron las enfermedades traídas por los invasores. Hoy son unos 1.350 y están determinados a perdurar.

Suruí es el nombre que los antropólogos les dieron. Ellos se llaman a sí mismos paiter, "el pueblo verdadero, nosotros mismos" en la lengua tupí-mondé que hablan.

El negocio al que aspiran es parte del Proyecto de Carbono del Bosque Suruí, aprobado en abril, que prevé mecanismos para neutralizar las emisiones de dióxido de carbono, como evitar la deforestación, manteniendo ese elemento en la masa forestal, y absorberlo de la atmósfera, mediante la reforestación.
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Estas acciones están previstas en el régimen de Reducción de Emisiones Provocadas por la Deforestación y la Degradación de los Bosques (REDD+) que impulsa la Organización de las Naciones Unidas como instrumento para mitigar el cambio climático.

La compraventa de derechos de emisión de carbono, o certificados de carbono, está prevista en los sistemas de control del cambio climático para que empresas o países que son emisores netos de gases de efecto invernadero paguen a otros que tienen mecanismos para reducirlas.

Luego de décadas resistiendo el embate de taladores, cazadores y colonos, desde 2005 los suruís han plantado 14.000 ejemplares de 17 especies, entre ellas cacao y café, árboles de maderas nobles como mogno (caoba), cerejeira e ipê, y frutales como las palmeras açaí, pupunha (palmito) y babasú.

"Queremos beneficiar a nuestro pueblo y desarrollarnos de acuerdo con nuestra necesidad de la región, valorizando productos forestales. Una política económica verde es justamente una planificación de uso sostenible", dijo a Tierramérica el líder de este pueblo, Almir Suruí, que también integra la Coordinación de las Organizaciones Indígenas de la Amazonia Brasileña.

El jefe Almir, de 38 años, siempre lleva su cuerpo pintado y luce collares de semillas nativas confeccionadas por las mujeres de su pueblo. Pero también se calza una vestimenta occidental cuando tiene compromisos fuera de su aldea, que sin embargo no esconde del todo la pintura corporal.

Antes de volverse conocido en Brasil, obtuvo reconocimiento internacional por denunciar ante la Organización de los Estados Americanos (OEA) la explotación ilegal de madera en las tierras de su pueblo y por defender los derechos y la integridad de los grupos en aislamiento voluntario, además de luchar contra la construcción de represas hidroeléctricas en los ríos de Rondônia.

Para concretar sus objetivos de sostenibilidad, los paiter-suruí trabajan asociados con varias organizaciones no gubernamentales e instituciones estatales, como el gubernamental Fondo Brasileño para la Biodiversidad (Funbio), que facilita la creación de mecanismos financieros y herramientas que garanticen ingresos para los suruís.

Carbono Suruí tiene una duración de tres décadas para la conservación de un área de más de 12.000 hectáreas, según Angelo Dos Santos, uno de los coordinadores de Funbio.

"Todos los años, los suruís aseguran un volumen de carbono no emitido que será ofrecido al mercado", explicó Dos Santos a Tierramérica.

"En los próximos 30 años, la cantidad que el pueblo suruí acumulará por deforestación evitada será de ocho millones de toneladas" de dióxido de carbono, añadió. "Y así se les pagará a los indígenas por no deforestar".

Las estimaciones indican que pueden recaudar 40 millones de dólares a la cotización actual del mercado, de cinco dólares por tonelada de carbono.

Según Dos Santos, hay varias formas de comercializar los certificados de carbono. Una de ellas es que los compren empresas interesadas en neutralizar o compensar sus propias emisiones de ese gas invernadero. "Esto es una gran innovación", aseveró.

Los recursos obtenidos por la venta de certificados se destinarán al Fondo de Gestión Paiter-Suruí, oficializado a inicios de mayo para fomentar un plan de desarrollo y hacer viables formas de generar ingresos sin destruir la selva.

Ya se producen más de 4.000 toneladas por año de café orgánico y unas 10.000 toneladas de castaña amazónica, dijo Almir. Ambas producciones ya cuentan con sendos planes de negocios.

Mientras, "el Fondo Paiter-Suruí irá recaudando recursos propios de donaciones de bancos multilaterales, empresas y de la venta de (certificados de) carbono", explicó Dos Santos.

La meta es captar seis millones de dólares en los próximos tres años. Y en seis años, el Fondo será completamente administrado por los suruís, que ya se están capacitando para hacerlo.

Es, a todas luces, un caso excepcional. Se trata del primer mecanismo financiero creado para un pueblo indígena que quiere garantizar su supervivencia y la de su cultura.

Estas iniciativas le valieron al jefe suruí el lugar 53 entre las 100 personas más creativas para los negocios en 2011, un ranking que confecciona la revista estadounidense Fast Company.

No por casualidad Almir fue invitado este mes a exponer sobre innovación ante dirigentes empresariales e investigadores, en un encuentro organizado por la revista británica The Economist.

* Este artículo fue publicado originalmente el 26 de mayo por la red latinoamericana de diarios de Tierramérica.

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