MÉXICO: La marcha de la esperanza

Después de casi 40 kilómetros caminados, la mexicana Teresa Carmona no pierde el paso. Lleva en lo alto la fotografía de su hijo Joaquín, asesinado en agosto de 2010 en su apartamento de la ciudad de México.

Javier Sicilia, quien convocó a la Marcha por la Paz con Justicia y Dignidad. Crédito: YouTube
Javier Sicilia, quien convocó a la Marcha por la Paz con Justicia y Dignidad. Crédito: YouTube
Desde entonces, Carmona ha buscado en vano respuestas sobre su muerte. Y cuando supo de la Marcha por la Paz con Justicia y Dignidad a la que convocó el poeta Javier Sicilia luego del asesinato de su hijo Juan Francisco, no dudó en viajar desde el puerto de la sudoriental ciudad de Cancún, donde vive, para sumarse a la caminata.

Ésta demanda un cambio radical al gobierno del presidente Felipe Calderón, cuya estrategia de militarización para combatir el narcotráfico ha dejado casi 40.000 muertos, además de una cantidad indefinida de personas huérfanas, viudas, desplazadas y mutiladas.

"Mi hijo tenía 21 años, estudiaba arquitectura, era el tipo de personas que necesita México", dice Carmona, que camina a unos pasos de Julián LeBaron, cuyo hermano Benjamín fue asesinado en julio de 2009.

El caso conmocionó al país porque Benjamín era líder de una comunidad que se había enfrentado al crimen organizado.
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Ahora, Julián, el mayor de los 12 hermanos LeBaron, carga la bandera nacional que va en la punta de la caminata. Ésta partió el jueves de la sureña ciudad de Cuernavaca para recorrer 85 kilómetros hasta la capital del país y ha sumado el apoyo de miles de mexicanos hartos de la violencia.

"El dolor puede provocar cosas malas, como el miedo que paraliza o los deseos de venganza, que no sirven para nada. Por eso nuestra batalla es contra el miedo, que nos mantiene de rodillas frente a la violencia. Y la movilización de la sociedad es lo único que puede salvarnos", dijo LeBaron a IPS en un tramo de la caminata.

La marcha ha sumado apoyos de todos los sectores de la población y su impacto en la prensa nacional e internacional obligó al presidente a cambiar el discurso de descrédito a las críticas que había tenido en las últimas semanas.

El miércoles por la noche, horas antes de que se iniciara la marcha, Calderón lanzó un mensaje televisado en cadena nacional para pedir comprensión y apoyo a los mexicanos en su estrategia contra el narcotráfico. "Hay quienes, de buena o de mala fe, buscan detener la acción del gobierno", sostuvo.

Pero el jueves, después del impacto que tuvo el primer día de caminata, el presidente envió un comunicado expresando el "respeto" a la marcha y "a cada uno de quienes la integran".

"El gobierno federal es sensible a los ciudadanos y a su exigencia de tener un México sin violencia", decía el texto oficial, que sin embargo no mencionó la posibilidad de cambiar la política de seguridad.

Desde Coajomulco, un poblado del estado de Morelos donde los manifestantes pernoctaron, Sicilia respondió: "Esperemos que no sea una demagogia, que haya hablado su corazón y no el político y que verdaderamente salga con toda la clase política a oírnos en silencio, a escucharnos, a recibir el mensaje y a decir sí, la ciudadanía tiene razón".

El presidente "nos pidió que lo comprendiéramos, y yo le digo que nos comprenda: traemos hijos muertos, traemos miedo, traemos familias amenazadas, mucho dolor".

Hablar del dolor de Patricia Duarte y José García, que caminan con la imagen de Andrés Alonso, su hijo, estampada en la camiseta. Andrés fue uno de los 49 niños que murieron el 5 de junio de 2009 en el incendio de la guardería ABC, en el norteño estado de Sonora. Desde entonces, los padres demandan justicia y castigo a los responsables de una cadena de corrupción y negligencia que derivó en el incendio.

"Yo prometí que no iba a subirme a un vehículo hasta llegar al Zócalo (de la Ciudad de México), y lo voy cumplir", aseguró la madre.

O del dolor de Melchor Flores Landa, quien no suelta el estandarte con la fotografía de su hijo, Melchor, "El Vaquero Galáctico", desaparecido por policías en Nuevo León, cuando trabajaba en la calle como estatua humana, en marzo de 2009.

O de las madres de mujeres desaparecidas en Ciudad Juárez, que cargan una manta con los nombres de sus hijas.

O de Olga Reyes, activista por los derechos humanos en Ciudad Juárez, cuya familia ha sido perseguida implacablemente, luego del asesinato de seis de sus integrantes.

Es la marcha de los padres, de las madres, de los hermanos. No son muchos: en los momentos más intensos han caminado junto a Javier Sicilia apenas un millar de personas, casi siempre en silencio. Han recorrido más de 40 kilómetros y en cada lugar donde se paran reciben muestras de solidaridad.

En la primera jornada los acompañó el sacerdote Raúl Vera, de la diócesis de Saltillo y uno de los religiosos más reconocidos en el país por su compromiso con los derechos humanos. También caminan indígenas de Las Abejas, la comunidad que fue masacrada por paramilitares hace 13 años.

"Esta marcha está sintetizando muchas causas y las expectativas están creciendo con cada paso", dijo a IPS Magdiel Sánchez, uno de los responsables de la logística que ya ha caminado en años anteriores junto con los maestros y los trabajadores electricistas, que reivindicaban demandas laborales.

La caminata está inspirada en la Marcha de la Sal, que en 1930 lideró Mahatma Gandhi (1869-1948), explica Pietro Ameglio, amigo personal de Sicilia y activista de la organización humanitaria Servicio de Paz y Justicia.

Muchos esperan que el domingo, cuando la caminata parta de la Universidad Nacional al Zócalo, en el corazón del país, los cientos que han caminado estos días se conviertan en miles.

"Yo creo que sí habrá mucha gente. Esto que he visto aquí me da esperanza de que la gente empiece a inspirarse y a participar", resumió, sin perder el paso, Julián LeBaron.

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