El BRICS se pesa en la balanza del comercio mundial

Pese a las diferencias políticas entre los países que lo integran, el bloque Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica (BRICS) ha puesto la mira en las negociaciones comerciales mundiales para afirmar su influencia. Su objetivo declarado es garantizar beneficios económicos al mundo rico.

No resulta sorprendente que la Organización Mundial del Comercio (OMC) haya seleccionado a los países BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) para demostrar la fuerza colectiva de esta coalición informal de economías emergentes pertenecientes a tres continentes.

Todas las naciones BRICS menos Rusia integran la OMC, cuya sede está en Ginebra.

Algunos analistas consideran que este centro emergente del poderío económico es un potencial contrapeso a las naciones industriales dominantes de América del Norte y Europa, así como a Japón.

El bloque no tendrá que esperar demasiado luego de la cumbre anual que el BRICS realizó el día 14 en la sureña localidad turística china de Sanya.
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La OMC tiene previsto hacer circular el día 21 un borrador de documento sobre los asuntos polémicos relativos a las estancadas negociaciones de la ronda de Doha para acordar un régimen mundial único de comercio.

Los representantes comerciales de países pobres y ricos se han enfrentado en torno a una serie de temas, entre ellos los fuertes subsidios a la agricultura en Estados Unidos y la Unión Europea (UE).

"Brasil, China, India y Sudáfrica están comprometidos y llaman a otros miembros a apoyar un sistema de comercio multilateral fuerte, abierto y regulado, encarnado en la Organización Mundial del Comercio, y una conclusión exitosa, exhaustiva y equilibrada de la Ronda de Desarrollo de Doha", declara el documento final de la cumbre del BRICS.

"Los ministros acordaron cómo defender los intereses de los países en desarrollo en la cooperación multilateral", dijo el ministro de Comercio de China, Chen Deming.

"Insistimos en atenernos a lo que ya se había acordado en negociaciones pasadas para garantizar una ronda de Doha equilibrada y ambiciosa", agregó.

Los líderes del BRICS afirman un punto de vista que muchos comparten en el mundo en desarrollo, con énfasis en la ronda de Doha como instancia fundamental para "corregir el déficit de desarrollo en términos de ganancias comerciales", dijo Ravi Ratnayake, de la Comisión Económica y Social para Asia y el Pacífico, una agencia regional de la Organización de las Naciones Unidas con sede en Bangkok.

"Los países en desarrollo quieren obtener más beneficios económicos a partir del comercio mundial, que las naciones industrializadas han dominado durante muchas décadas", señaló Ratnayake.

Las naciones BRICS están perfectamente posicionadas para garantizar un acuerdo favorable a las naciones en desarrollo, "dado que representan a los países en desarrollo más poderosos del mundo y, a consecuencia, tienen una voz poderosa", dijo a IPS.

Juntos, los países de esta nueva agrupación cubren casi 25 por ciento del área de la Tierra, albergan a 40 por ciento de la población del planeta y en 2010 representaron casi 16 por ciento de la economía mundial, de 62 billones de dólares.

Desde que en 2001 el economista Jim O’Neill, de la consultora Goldman Sachs, acuñó el acrónimo BRIC para subrayar el surgimiento de Brasil, Rusia, India y China como potencias emergentes, y hasta 2010, el comercio entre esas naciones y Sudáfrica (que se sumó al bloque) aumentó 15 veces. Ahora se estima en 230.000 millones de dólares.

Algunos analistas sostienen que para 2050 el BRICS se habrá convertido en el actor económico dominante en el mundo, destronando al Grupo de los Siete (G-7), el club de las naciones más ricas, que integran Alemania, Canadá, Estados Unidos, Francia, Gran Bretaña, Italia y Japón.

La batalla entre el G-7 y el mundo en desarrollo ha sido cruda en la OMC, donde en 2001 se iniciaron las negociaciones para una nueva ronda.

Los representantes comerciales de China, India y Brasil se mantuvieron firmes en la OMC, recordando a sus contrapartes de Estados Unidos y Europa que esta novena ronda de conversaciones comerciales mundiales desde que surgió un nuevo regimen comercial luego de la Segunda Guerra Mundial (1939-1945) tuvo el mandato especial de mejorar las economías de los países pobres ofreciéndoles el beneficio de participar en el sistema mundial de comercio multilateral.

"Para salvar la ronda (de Doha), China todavía se esfuerza pro participar en las negociacioens de varias formas y de un modo constructivo, siempre y cuando esas negociaciones no desafíen el mandato de Doha para los países en desarrollo", señaló Yi Xiaozhun, embajador de China en el comité de negociaciones comerciales de la OMC, en un comunicado divulgado el 29 de marzo.

"Los países en desarrollo se han sentido frustrados por el hecho de que en las propuestas presentadas hay poco contenido relativo al desarrollo", escribió Martin Khor, director ejecutivo del South Centre (Centro del Sur), en el boletín de abril de este grupo de expertos con sede en Ginebra.

"En las recientes reuniones de la OMC, Brasil, Sudáfrica e India realizaron fuertes declaraciones sobre por qué es injusto esperar que ellos asuman compromisos extremos que arruinen sus economías internas, especialmente cuando los países industrializados que hacen estos nuevos reclamos no ofrecen concesiones extra", agregó.

Las economías BRICS no parecen tener intenciones de reducir sus aranceles para permitir que bienes industriales, químicos, electrónicos y de ingeniería procedentes del G-7 inunden sus mercados, mientras que las economías del G-7 mantienen sus sectores agrícolas fuertemente subsidiados.

"Se suponía que recortes reales en los subsidios agrícolas de los países ricos serían el objetivo prioritario de las conversaciones de Doha, cuando ésta empezó en 2001", sostuvo Khor.

"Está bastante claro que eso no ocurrirá, dados sus arraigados intereses agrícolas", planteó.

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