ALIMENTACIÓN-CUBA: Agricultura sostenible desde los suburbios

Cuba intenta aprovechar sus experiencias en la llamada agricultura urbana, para afrontar el reto de la seguridad alimentaria, mediante un proyecto de cultivos en áreas próximas a las ciudades, cuya organización se espera tener a punto a fines de año.

Mercado agropecuario habanero. Crédito: Patricia Grogg/IPS
Mercado agropecuario habanero. Crédito: Patricia Grogg/IPS
El programa de agricultura suburbana había sido anunciado en agosto por el presidente Raúl Castro, quien expresó que la producción de alimentos es "un asunto de seguridad nacional" al que se le debe sumar el "mayor número posible de personas, mediante todas las formas de propiedad existentes y con el orden requerido".

La idea forma parte de una estrategia que identifica al municipio como elemento clave para el desempeño y toma de decisiones dentro de la actividad agrícola. En ese sentido, para cada municipio se definieron tres escenarios: agricultura urbana, suburbana y la convencional.

El modelo comenzó a ponerse en práctica a modo de "experiencias piloto" en unos 17 puntos de la isla y se trabaja para tener incorporados, a fines de este año, a los 169 municipios de Cuba, informó Adolfo Rodríguez Nodals, jefe del grupo nacional del movimiento de agricultura urbana y suburbana.

La esencia de este nuevo tipo de cultivos está en acercar los alimentos producidos a las zonas urbanas, donde viven 76 por ciento de las 11,2 millones de personas que conforman la población de Cuba. La base es una agricultura diversificada, ecológica, con empleo de tracción animal y gasto mínimo de combustible, explicó.
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El núcleo del programa descansa en pequeñas fincas organizadas en su mayoría en cooperativas, principalmente de Créditos y Servicios (CCS) o granjas estatales. El "finquero" trabajará la tierra con familiares, pero está autorizado a contratar personal en caso de ser necesario.

Rodríguez Nodals estimó que unas 600.000 hectáreas están disponibles en todo el país para esta modalidad productiva, que busca también avanzar en la creación de "pulmones verdes" alrededor de las ciudades y en la forestación de microcuencas, además de incrementar la producción agropecuaria.

Aunque el proyecto está en sus comienzos, algunos campesinos ya están evaluando sus bondades. "Los beneficios son mayores tanto para la población, que va a recibir los productos a menor precio, como para los agricultores, que mientras más produzcan más venderán", dijo Juan Reyes a IPS.

Reyes trabaja, con ayuda de su familia, un establecimiento de tres hectáreas que figura entre los primeros incorporados al proyecto en el municipio habanero de Cotorro, que tiene casi 79.000 habitantes y algo más de 4.000 hectáreas suburbanas para sembrar. Sus cultivos incluyen hortalizas, granos y viandas (tubérculos).

Para integrarse al programa, cada municipio debe elaborar su proyecto, especificando las zonas disponibles para la labranza y sus necesidades de consumo, entre otros muchos detalles. Las fincas suburbanas estarán a unos 10 kilómetros de la periferia en el caso de las capitales provinciales y entre cuatro o cinco de las municipales.

En el caso de las locales con unos 1.000 habitantes, la distancia será de alrededor de dos kilómetros, indicó Rodríguez Nodals a periodistas luego de un recorrido conjunto por predios de Cotorro, donde se desarrollan experiencias que deberán servir al resto de los municipios de la capital cubana, que congrega a 2,2 millones de habitantes.

Otro aspecto fundamental es que los puntos estatales de compra de las producciones suburbanas, que serán trasladadas básicamente en carretas o triciclos, no podrán estar a más de cuatro o cinco kilómetros de las fincas. A partir de ahí, el reto apunta a asegurar la llegada pronta y en buenas condiciones de esos productos al consumidor.

En materia de comercialización, el programa recomienda que los gobiernos locales busquen alternativas que permitan la máxima coordinación entre organismos como el ministerio de Finanzas y Precios, el de Comercio Interior y el de Salud Pública, para que estas producciones "fluyan con rapidez y eficiencia" hacia la población.

Una empresa estatal por cada municipio deberá organizar la prestación de servicios a estos establecimientos suburbanos, que abarcan talleres de fabricación y reparación de implementos de labranza, controles fitosanitaria, suministro de semillas y el procesamiento industrial en pequeña escala de las producciones, entre otros aspectos.

Al igual que la urbana, su antecedente inmediato, la agricultura suburbana está organizada mediante subprogramas que abarcan, entre otros, producciones pecuarias y de alimento animal, capacitación y tecnológica, conservación y mejoramiento de los suelos, uso y gestión del agua y el manejo agroecológico de plagas.

Los cultivos en huertos y parcelas urbanas produjeron en el primer trimestre de 2010 en Cuba 362.608 toneladas de vegetales y se espera lograr al finalizar el año casi 1,2 millones de toneladas. Las siembras citadinas, que emplean a unas 300.000 personas, se abstienen del uso de fertilizantes y plaguicidas químicos.

El gobierno busca reducir sus millonarias importaciones de alimentos, para lo cual intenta incentivar la producción nacional con medidas como la entrega en usufructo de tierras ociosas a quienes tengan disposición y condiciones para trabajarlas. Sin embargo, la estrategia aún no rinde los frutos esperados.

Economistas consideran que el "gran salto" agrícola requiere "liberar las fuerzas productivas" agropecuarias, donde conviven la propiedad privada, la cooperativa y la estatal, para que el productor decida qué produce, a quién le vende y a qué precio, y tenga también la posibilidad de comprar sus medios de labranza directamente.

Esas fuentes añaden que las medidas adoptadas hasta ahora en el sector carecen de un enfoque sistémico que abarquen el ciclo en toda su extensión, desde el surco hasta la mesa familiar y su encadenamiento con otras áreas y actividades económicas.

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