REPÚBLICA DOMINICANA: Campaña contra esclavitud de haitianos

Una próxima campaña en Francia espera llamar la atención sobre la condición de los haitianos que trabajan en plantaciones de caña de azúcar de República Dominicana, calificada de esclavitud por organizaciones de derechos humanos.

"Esclavos en el paraíso: Esclavitud contemporánea en República Dominicana" se lanzará en mayo bajo el patrocinio de instituciones locales e internacionales, entre ellas la organización Amnistía Internacional, la oficina del alcalde de París, Bertrand Delanoe, y el grupo artístico Collectif 2004 Images.

La campaña es lanzada en momentos en que crecen las críticas contra República Dominicana por el trato que da los más de 800.000 haitianos que se calcula viven dentro de sus fronteras, así como a ciudadanos dominicanos de ascendencia haitiana.

Además de las críticas sobre las condiciones de trabajo en la industria azucarera, organizaciones nacionales e internacionales de derechos humanos acusan el gobierno dominicano de llevar a cabo redadas y expulsiones de presuntos inmigrantes indocumentados con brutalidad y con medios de cuestionable legalidad.

Por su parte, Santo Domingo arguye dificultades para controlar las continuas olas de inmigrantes desde Haití, un país que sufre una grave crisis política y económica, y que es escenario de frecuente violencia.
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"Esclavos en el paraíso" incluirá una exposición de fotografías tomadas en los "bateys", las comunidades rurales donde se manufactura el azúcar, de la franco-peruana Celine Anaya Gautier, así como proyecciones de películas que abordan el tema de la industria azucarera dominicana y sus trabajadores.

También se realizará un coloquio histórico en el que participarán analistas internacionales como la directora de la Plataforma Haitiana en Defensa de un Desarrollo Alternativo, Camille Chalmers, la directora del Grupo de Apoyo a los Repatriados y Refugiados, Colette Lespinasse, la activista Geneviève Sevrin, de Amnistía Internacional, y la antropóloga dominicana Soraya Aracena.

"Donde sea que haya personas explotadas, que no tienen derechos, es importante manifestarlo cuando tenemos la oportunidad", dijo Anne Lescot, coordinadora de la agenda cinematográfica de la campaña.

"Somos muy conscientes de que esta cuestión es sutil y compleja y de que sólo mostrar las imágenes puede conducir a algún malentendido, así que también quisimos explicar qué hay detrás de ellas, y es por eso que organizamos este coloquio, como una ocasión de comprender verdaderamente todo el proceso de cómo, desde hace 200 años, Haití y la República Dominicana mantuvieron una relación de amor y odio", agregó.

A menudo, esas relaciones fueron tensas a causa de las diferencias económicas y culturales entre ambos países, que comparten la isla La Española.

Aunque tienen poblaciones similares en número —los haitianos son 8,3 millones y los dominicanos 8,5 millones—, 95 por ciento de los habitantes de Haití son negros, y 80 por ciento viven en la pobreza. Mientras, 89 por ciento de los dominicanos son blancos o mestizos, y 25 por ciento viven en la pobreza.

En el otoño de 1937, el dictador dominicano Rafael Trujillo (1930-1961) instigó una persecución en la que soldados y policías masacraron a entre 15.000 y 20.000 haitianos.

En la conferencia de prensa donde se anunció el coloquio de "Esclavos en el paraíso", en el parisino Hotel de Ville, uno de los temas de una película a ser exhibida pareció coincidir con la urgente necesidad de informar al público sobre la situación humanitaria en los bateys.

"Cuando llegué (a República Dominicana), no sabía absolutamente nada sobre los problemas nacionales o raciales, sobre las plantaciones de caña o sobre la industria azucarera", dijo el sacerdote católico Christopher Hartley, protagonista de la película "The Price of Sugar" ("El precio del azúcar").

Hartley, hijo de madre española y padre británico, llegó a la parroquia dominicana de San José de Los Lanos en septiembre de 1997, tras pasar una década atendiendo congregaciones en Nueva York.

La parroquia abarca al Batey Dos Hermanos, en un territorio controlado por la acaudalada familia Vicini.

"Yo ignoraba absolutamente todo lo que iba a confrontar, y no fui enviado para ayudar o solucionar o denunciar estos asuntos, sino simplemente para ser un sacerdote común en la parroquia", dijo Hartley.

"Me di cuenta gradualmente de las condiciones laborales y de vida de mis parroquianos, al cumplir con mis responsabilidades pastorales habituales", añadió.

Hartley fue obligado a abandonar República Dominicana bajo lo que él dice fue presión del gobierno de ese país y de la familia Vicini, poderosa políticamente, a fines de 2006.

Otro sacerdote que había defendido los derechos de los trabajadores haitianos en República Dominicana, el belga Pedro Ruquoy, huyó luego de las amenazas de muerte que le hicieron en noviembre de 2005.

Hartley y Ruquoy no estuvieron solos en sus críticas. Organizaciones de derechos humanos afirman que la situación racial en República Dominicana se agravó desde la expulsión, en mayo de 2005, de unos 3.500 indocumentados en el paso fronterizo Dajabon-Ounaminthe, episodio que derivó en una protesta formal del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados.

En mayo de 2006, en una carta abierta al presidente dominicano Leonel Fernández, la secretaria general de Amnistía, Irene Khan, señaló que, "desde mayo de 2005, haitianos y descendientes de haitianos han sido sometidos a expulsiones colectivas y arbitrarias por parte de las autoridades dominicanas", en violación de las obligaciones de Santo Domingo bajo las leyes internacionales.

La declaración de Amnistía fue seguida en octubre de ese mismo año por un comunicado de la organización Christian Aid que, refiriéndose a las prácticas de deportación dominicanas, denunció que "numerosos casos han sido documentados en los que autoridades de inmigración han ingresado en hogares y obligado a las personas a punta de pistola a subir en autobuses, sin darles posibilidad de recoger sus documentos ni informar a sus parientes".

"Cuando llegan al lado haitiano de la frontera, muchos han podido demostrar que se encontraban radicados legalmente en República Dominicana", añadió.

Previamente, una resolución de septiembre de 2005 de la Comisión Interamericana sobre Derechos Humanos de la Organización de Estados Americanos señaló que, al negarle la ciudadanía dominicana a dos niñas, Dilcia Yean y Violeta Bosico Cofi, nacidas en República Dominicana, el gobierno de Fernández había violado el derecho a la nacionalidad y el derecho a la igualdad ante la ley, consagrados en los artículos 3,5,19,20 y 24 de la Convención Americana sobre Derechos Humanos "Pacto de San José".

Santo Domingo ha negado insistentemente cualquier violación de los derechos de los haitianos o de los dominicanos de ascendencia haitiana.

El canciller dominicano Carlos Morales Troncoso arremetió duramente contra el Robert F. Kennedy Memorial Centre, de Estados Unidos, por haber otorgado su Premio de Derechos Humanos a la activista dominico-haitiana Sonia Pierre, en reconocimiento a su labor con los inmigrantes haitianos. Morales Troncoso señaló que aquellos que concedieron el galardón estaban "divorciados de las realidades de la isla La Española".

Pierre, quien creció en un campamento de trabajadores de inmigrantes muy parecido a los presentados en la exposición, ha luchado en nombre de los haitianos y de los dominico-haitianos durante tres décadas.

Algo que demuestra la importancia de la industria del azúcar en la política dominicana es que el propio canciller Morales Troncoso ha tenido duraderas relaciones con ésta como ejecutivo y principal accionista de la firma azucarera Central Romana Corporation, junto a los cubano-estadounidenses Alfonso y Pepe Fanjul.

Tres cuartas partes de las exportaciones agrícolas dominicanas van al mercado estadounidense. Santo Domingo goza de una cuota de azúcar en Estados Unidos de 180.000 toneladas, la más grande que cualquier otro socio de Washington.

* Michael Deibert es el autor de "Notes from the Last Testament: The Struggle for Haiti" ("Notas del Último Testamento: La lucha por Haití"). Sus artículos de opinión pueden encontrarse en el sitio web www.michaeldeibert.blogspot.com.

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